Slow Fish Caribe: un nuevo proyecto para la tutela de la biodiversidad en el Caribe

Black Crab Colombia

A despecho de su belleza y biodiversidad, los arrecifes de coral son ecosistemas frágiles cada vez más amenazados por las actividades humanas y por el cambio climático. Gracias a un nuevo proyecto la red de Slow Fish Caribe se ha comprometido a promover la conservación de la biodiversidad local del Caribe mediante modelos sostenibles de gestión de los recursos alimentarios.

Los océanos son un recurso de todo el planeta, un bien común de la humanidad, útil no solo para la tutela de la biodiversidad y del clima, sino también primordial fuente de alimentación para más de mil millones de seres humanos y fuente de ingresos para millones de familias en todo el mundo. Sin embargo, comparado algunas veces con un “Far West sin sheriff”, el sistema está dominado por la ley del más fuerte y hoy se encuentra en peligro: si no se adopta una nueva orientación respecto de la pesca y el consumo, dirigida hacia la gestión global de un patrimonio común de recursos limitados, las dramáticas consecuencias sociales y ambientales de las prácticas actuales pueden llegar a ser irreversibles.

También en el sector de la pesca Slow Food combate contra los engranajes de un sistema alimentario globalizado en base a la explotación intensiva de los recursos, y dedica su densa y apasionada red de Slow Fish en apoyo de pescadores, acuicultores, cocineros, consumidores, periodistas, educadores, voluntarios, socios y tantos otros, que con sus pequeños y grandes gestos se activan para producir y consumir pescado de manera responsable y para proteger los recursos y la biodiversidad marina.

En particular, en la costa mexicana de Quintana Roo, donde se encuentran las Reservas de la Biosfera de Sian Ka’an y de Banco Chichorro, y en la Reserva de la Biosfera Seaflower, en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en Colombia, la red de Slow Fish Caribe ha dado vida recientemente a un nuevo proyecto para promover la conservación de la biodiversidad del ecosistema arrecifal y costero del Caribe, hoy sometido a una excesiva explotación. De hecho, las fascinantes playas de estas zonas son el elemento más evidente de una gran combinación de ecosistemas tan complejos como frágiles, que incluyen bosques, manglares, dunas costeras y barreras de coral, y sostienen una densa red de pescadores y comunidades del alimento que viven gracias a la harmonia entre los diferentes elementos de la biodiversidad local, animal y vegetal.

El proyecto, financiado por la Unión Europea en el ámbito del programa “Contribución a la conservación de la biodiversidad marina y costera en la cuenca del Caribe”, será presentado oficialmente en San Andrés (Colombia) el 9 de marzo. Realizado en colaboración con la Fundación ACUA y la Corporación Coralina en Colombia, y con la Colectividad Razonatura en México, se extenderá a lo largo de tres años y contará con el apoyo de una red de organizaciones locales en diferentes países de la región.

El objetivo principal es la protección de la biodiversidad marina y el desarrollo de modelos de uso sostenible de los recursos alimentarios en las áreas protegidas. La entusiasta red de Slow Fish tratará de poner en valor los conocimientos tradicionales y de reforzar las competencias técnicas y administrativas de las comunidades locales, ayudándoles a mejorar la gestión de los recursos naturales y a diversificar las actividades productivas. Obviamente, la alimentación jugará un papel central en la creación de sinergias que puedan aumentar el bienestar económico y social de las comunidades y proporcionar un mejor acceso a los conocimientos tradicionales para todos los componentes de la red, desde los pescadores hasta los cocineros y losconsumidores.

Para la fase inicial del proyecto se ha previsto una cartografía de los territorios interesados: el Arca del Gusto actuará de soporte de la investigación en un esfuerzo por conservar y difundir los conocimientos acerca del enorme patrimonio de razas, especies y productos transformados que caracterizan este ecosistema, y que con frecuencia pasan a un segundo plano respecto de los maravillosos paisajes de tarjeta postal. Se realizarán después actividades de formación para las comunidades de pescadores involucradas en el proyecto en torno a diferentes temas, entre ellos la gestión integrada de los recursos marinos, las actividades económicas alternativas a la pesca y la creación de sistemas de supervisión. En la última fase se tratará de implementar las actividades en el territorio: en Colombia se concentrarán en el fortalecimiento del Baluarte del cangrejo negro de Providencia, mientras que en México la actividad se centrará esencialmente en las comunidades de pescadores de langosta (P. argus) mediante la colaboración con la red de la Alianza de los Cocineros y la apertura de un nuevo Baluarte.


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