Replanteémonos cómo tratamos a los animales

Maltratando a los animales estamos destruyendo el magnífico vínculo que nos une, les estamos insultando, degradando y traicionando. Y sin embargo, el daño que estamos causando pisoteando esta relación nos lo causamos a nosotros mismos.

Jocelyne Porcher

A lo largo del último siglo y medio, la ciencia y la industria se han hecho con el poder y han transformado la relación que tenemos con los animales de granja. El sistema ganadero se ha transformado por completo y ha pasado del concepto primario de «criar» animales a un modelo industrial intensivo cuyo objetivo principal no es «alimentar al mundo», como quieren sus promotores que pensemos, sino generar beneficios, tantos y tan rápido como sea posible.

Los animales se han convertido en simples máquinas o herramientas. Los granjeros se han convertido en productores de animales. Para maximizar la productividad y producir más con menos costes, se ha encerrado a los animales y, gracias a los antibióticos, se pueden amontonar uno junto a otro en jaulas cada vez más pequeñas dentro de edificios cada vez más grandes. Se alimentan en masa y se sacrifican en masa.

Durante las últimas décadas ha surgido la idea del bienestar animal, y esta mayor consciencia ha llevado a muchos a creer que las cosas estaban mejorando.  Por desgracia, esto no es ni puede ser cierto, pues la propia idea de bienestar animal es incompatible con la ganadería industrial. Las jaulas, aunque se hagan un poco más grandes, siguen siendo jaulas y permitir a los animales unos cuantos centímetros adicionales para darse la vuelta no elimina el objetivo de productividad de la industria. En las granjas industriales, el camino de los cerdos, las aves o las vacas está claro: producir o morir.

¿Qué sistemas se esconden detrás de la carne, la leche, el queso, los huevos, y los demás productos que metemos en nuestros carritos de la compra? ¿Qué sistemas de producción estamos apoyando? No debemos abandonar nuestra relación con los animales a este camino definido por una violencia industrial insensible.

Trabajar y vivir junto a las vacas, los cerdos y las cabras ha formado parte de nuestra historia durante milenios y ha conformado nuestra propia existencia. Es precisamente debido a esta historia y a los estrechos vínculos que compartimos con los animales domésticos que debemos asegurar que sus vidas sean lo mejor posible. Para criar animales no necesitamos jaulas, no necesitamos dominar a los animales, no necesitamos esclavizarlos ni mutilarlos. Por el contrario, debemos mostrar respeto, inteligencia y dignidad. Millones de granjeros en todo el mundo muestran hacia sus animales el cuidado y el respeto que estos merecen, y nosotros debemos apoyarles. Para que estos granjeros obtengan reconocimiento y ánimos y para cambiar las prácticas de los otros, va siendo hora de abandonar el sistema industrial.

Maltratando a los animales estamos destruyendo el magnífico vínculo que nos une, les estamos insultando, degradando y traicionando. Y sin embargo, el daño que estamos causando pisoteando esta relación nos lo causamos a nosotros mismos.

Nuestros animales no merecen el destino al que les condenamos. Propongámonos mejorar, mostremos algo de humanidad.

Firma la petición ¡TERMINA CON LA EDAD DEL ENCIERRO!

 

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