Según Slow Food, si conocemos el origen de nuestros alimentos, las personas que los producen y los métodos de producción, tanto los niños como los adultos aprenderemos a combinar el placer con la responsabilidad en nuestras elecciones diarias, así como a apreciar el impacto social y cultural de la alimentación.

Nuestros proyectos educativos difieren de la mayoría de programas de educación alimentaria, ya que se basan en la idea de que la alimentación es un sinónimo de placer, cultura y convivencia. Nuestras iniciativas educativas están organizadas para audiencias diversas, desde niños hasta adultos, pasando por profesores, socios de Slow Food y público en general, y forman una parte integral de los eventos y de las campañas de Slow Food.

Hay muchos tipos de proyectos educativos: huertos escolares, degustaciones guiadas, visitas a granjas, intercambio generacional de conocimientos, talleres prácticos y comidas con productores. Además, Slow Food abrió la Universidad de Ciencias Gastronómicas en 2004 para ofrecer una perspectiva global sobre el mundo académico de la alimentación.

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