Slow Food es aquellos que forman Slow Food: nueva energía de las comunidades para el movimiento internacional

Slow Food nació hace más de 30 años. Desde entonces, en el mundo han cambiado muchas cosas y, como consecuencia, también en la estructura de la asociación que, con los años, se ha transformado en un movimiento global de miles de personas que comparten una misma visión incluida en la declaración de Chengdu.

Hoy, los desafíos a los que se enfrenta el movimiento son ambiciosos, urgentes y complejos, y obligan una vez más a sus miembros a imaginar nuevos modos de adaptación a las realidades internacionales para tener un impacto cada vez mayor sobre los territorios y hacer crecer una organización capaz de adaptarse a la complejidad del mundo, traduciendo toda su filosofía en acciones, campañas, actividades y proyectos concretos.

Poe qué es necesario cambiar

Por esta razón, necesitamos nuevas formas asociativas más sencillas. Slow Food, de hecho, no puede intentar cambiar el sistema alimentario y todo lo que de deriva de él si sigue aislado y se deja llevar por el miedo de contaminarse. Es vital recorrer caminos distintos, escuchar voces lejanas: las comunidades de Slow Food pueden ser una respuesta.

El movimiento debe tener la fuerza y la capacidad de abrirse e integrarse con los muchos participantes que comparten sus objetivos fundamentales, como la lucha contra los desperdicios alimentarios, la superación de las desigualdades, la protección de la biodiversidad o la lucha contra el cambio climático, por citar algunas. Debe cooperar más de cerca con las demás asociaciones, con los individuos, con las administraciones locales, con las comunidades rurales, con los movimientos urbanos, para interceptar y relacionar todas las realidades que interpretan su filosofía para democratizar la cultura, elevando los conocimientos tradicionales al mismo nivel de autoridad que los conocimientos científicos.

El recorrido hacia las comunidades de Slow Food

Todo comenzó con la primera edición de Terra Madre, en 2004. Desde entonces y hasta el último Congreso Internacional en Chengdu, Slow Food emprendió un recorrido bien preciso bajo la bandera de la inclusividad, de la participación y del intercambio. Un recorrido obligado, valdría decir, que refleja la profunda complejidad del movimiento y que destaca al mismo tiempo su enorme riqueza en términos de historias, valores, conocimientos y competencias. Debemos enfatizar, no obstante, que todo ha partido siempre de los territorios que, a nivel regional e internacional, constituyen el corazón de la misión de Slow Food: garantizar a todo el mundo el derecho a una comida buena, limpia y justa y seguir luchando mientras haya una sola persona en el planeta sin este derecho. Y es aquí donde, gracias al trabajo del Consejo Internacional, entra en juego la comunidad Slow Food, un concepto que radica profundamente en la historia del movimiento con la red de Terra Madre, pero hasta el día de hoy no había tomado forma oficialmente.

Qué es y cómo nace una comunidad de Slow Food

Compuesta por un grupo de personas activas a nivel local que comparten la visión de Slow Food, la comunidad nace con una declaración fundacional en la que se afirma:

  • la adhesión ideológica a Slow Food y a los principios de la declaración de Chengdu
  • el compromiso y el objetivo que persigue la comunidad
  • las actividades, las iniciativas y los proyectos que llevará a cabo para conseguir su objetivo
  • la contribución que la comunidad decide aportar para apoyar los proyectos estratégicos de la red internacional (Baluartes, Arca del Gusto, Huertos, Alianza de Cocineros, Campañas...)

La declaración fundacional de la Comunidad de Slow Food

La declaración se divide en tres partes fundamentales. La primera es la más importante: contiene la adhesión ideológica a los valores de Slow Food y reafirma la centralidad de la comunidad como forma de asociación que representa y promueve un sistema basado en el conocimiento, las relaciones, la inclusión, la seguridad emocional y la democracia. La segunda parte describe el modelo organizativo: se destaca la relación con todas las comunidades, las directrices sobre el uso del logotipo y otros puntos fundamentales, como la obligación de ser abiertos e inclusivos y la prohibición de la posibilidad de veto a la creación de otras comunidades. Por último, la tercera parte define claramente el objetivo de la comunidad y sus compromisos. Asumir el compromiso de apoyar al movimiento internacional siempre ha sido una parte importante de la historia de la organización: Slow Food es un movimiento global al que un organismo se adhiere en primer lugar para contribuir a la causa común. Y esta contribución, que puede manifestarse de distintas formas, necesita también una explicitación formal y una modalidad de adhesión que una a todos los organismos del mundo.

El futuro de las comunidades de Slow Food

Este es el futuro de Slow Food. La ruta está marcada. En 2020, año del próximo Congreso Internacional, tendremos la ocasión de hacer balance para conocer los puntos fuertes y débiles de la nueva organización y, por tanto, añadir los cambios necesarios para transformar el movimiento. Las comunidades de Slow Food no serán el único punto de referencia de la red internacional: las formas organizativas que ya existen (convivia, Baluartes…) siguen siendo protagonistas de la vida del movimiento y completan el extraordinario patrimonio que representa la red internacional de Slow Food.

Para saber más: preguntas e información

Puedes encontrar más información en la página de preguntas más frecuentes (FAQ).

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