La resobada, un pan festivo bordado a mano

Antaño la resobada fue un pan artesanal de obsequio, festivo, ritual, simbólico, decorado y personalizado, era elaborado por los panaderos locales sobre pedido en el centro de México y fue muy consumido hasta el siglo pasado para las celebraciones de onomásticos (santos) o cumpleaños antes de que se popularizara el pastel de tres leches con crema batida. Se le denomina resobada porque la mezcla del pan se amasa o resoba varias veces a mano decorándolo en el centro con la felicitación o el nombre del festejado y con ingeniosas guirnaldas, grecas, arabescos, flores, granillos multicolores, etc.

La forma de los panes era ovalada, cuadrada, de corazón o quesadilla y de color marrón tostado, el tamaño podía variar pero el más común tenía el tamaño de la charola rectangular en la que se horneaba, la tradición dictaba que quienes debían obsequiarlo eran los compadres o familiares de la persona festejada o los partícipes en protocolos sociales y ceremonias religiosas, se solía entregar cubierto con una servilleta bordada y otros elementos. La resobada ha quedado en la memoria y en la añoranza de los adultos mayores, aunque todavía es posible mandar a elaborarla en alguna panadería local.

La tradición de la resobada estuvo muy ligada a “la cuelga”, un collar de golosinas que se colgaba súbitamente en el cuello del festejado en la víspera de la celebración de su onomástico o cumpleaños

¡La resobada, el pastel de antaño, un pan bordado a mano para celebrar la vida y nuestro paso en el tiempo!

Foto: crédito a quien corresponda.

Por Ana Teyssier Bautista

anateyssi@gmail.com
Horticultora, foodie o comidista, investigadora cultural gastronómica y cronista de México para Slow Food Internacional.

 

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