El Terra Madre continua: Slow Food es Food for Change en todo el mundo

Cultivemos soluciones para el cambio climático

Me llamo Tumal Orto Galdibe. Soy un pastor indígena del desierto de Chalbi, en el norte de Kenia. Encontrar agua para mis animales es el desafío más grande de mi vida. Recorremos largas distancias, hasta 100 kilómetros para encontrar pozos poco profundos para las cabras. Y si el viaje es demasiado duro, los animales más débiles y los más jóvenes se pueden quedar atrás. En los últimos 17 años ha habido lluvias insuficientes y los pastos están devastados. Enfermedades nuevas y misteriosas se transmiten entre los animales y los parásitos son cada vez más resistentes. Cada año, las pérdidas de cultivos hacen que sea cada vez más difícil alimentar a los animales, lo que significa que tenemos menos leche y menos carne para vender. Los ingresos de las familias de pastores son cada vez menores. No hay ninguna duda: el cambio climático es real, y nos está afectando ahora. No podemos esperar a que la situación mejore. Empeorará. Para afrontar estas duras condiciones, debemos alejarnos cada vez más con nuestros animales de los principales campos de pastoreo.

Tumal Orto Galdibe, ganadero de Kenia.

La mayor parte de los cocineros no piensa o no sabe que el cambio climático está relacionado con la alimentación. La gente piensa en el sector de la energía, del transporte, en las casas sobrecalentadas, pero nunca lo relaciona con la comida. Y, sin embargo, sabemos que el sistema alimentario tiene la mayor responsabilidad. Es por eso por lo que los cocineros tenemos un papel crucial para ayudar a contrarrestar este fenómeno: podemos imaginar nuestra cocina con menos carne, menos pescado, más cereales y más verduras. Hay que trabajar para recuperar la libertad de las semillas, para que aumente el modelo agroecológico y la cría respetuosa con el bienestar animal y con el medio ambiente. Nosotros, los cocineros, tenemos la responsabilidad de nutrir a la humanidad; juntos podemos ser una contraparte de la industria.

Oliver Roellinger, cocinero de Relais et Chateaux

Oliver Roellinger es uno de los primeros partidarios de la campaña Comida para el cambio (Food for Change), la campaña mundial de Slow Food que pretende concienciar sobre la relación entre la comida y el cambio climático. Hemos acudido a nuestra red mundial para invitar a todo el mundo a reflexionar y modificar un poco las actitudes que a menudo tienen un impacto importante y negativo sobre el planeta.

Una concienciación que creemos que es necesaria y urgente porque el cambio climático es una realidad con la que ya estamos rindiendo cuentas y cuya urgencia solo admiten unos pocos. Sin embargo, los científicos y climatólogos no tienen ninguna duda: si no adoptamos medidas para reducir las emisiones globales de CO2 para el año 2100, la temperatura de la tierra podría aumentar unos 4°C. Y las consecuencias serían las de una novela de ciencia ficción: pocas precipitaciones, pero intensas y dañinas, huracanes, tornados y fenómenos climáticos extremos, calor abrasador y desertificación. Algunas estimaciones predicen que mil millones de personas se quedarán sin agua, dos mil millones sufrirán hambre y la producción de maíz, arroz y trigo se desplomará en un 2 % cada 10 años. Cerca de 187 millones de personas se verán obligadas a dejar sus hogares y a huir de los territorios sumergidos bajo el agua.

Los expertos coinciden en que debemos trabajar para que este aumento de las temperaturas sea de hasta +2°C, el límite para que las condiciones de vida sean aceptables.[1].

No es una misión imposible y todos nosotros podemos contribuir. De hecho, a nosotros, los occidentales, nos corresponde llevar la mayor carga. Nuestro sistema alimentario industrial es precisamente una de las mayores causas de las emisiones que alteran el clima.

A nivel mundial, la producción de alimentos es responsable de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero (21 %): un número que depende en gran parte de los métodos de producción que han perdido el contacto con la naturaleza y el respeto por el medio ambiente. Es por eso por lo que las ayudas y apoyos deberían dirigirse a los modelos agrícolas más naturales, aunque actualmente suceda lo contratrio: de los 62.500 millones de euros de fondos europeos e italianos destinados a la agricultura, solo 1.800 millones (menos del 3 %) del total de recursos se destinan a la agricultura biológica. El resto se destina a la financiación de modelos agrícolas basados en el uso de fertilizantes y pesticidas[2]. Además, las emisiones generadas por la aplicación de fertilizantes representan el 13 % de las emisiones del sistema agrícola. Se trata de la fuente de emisiones del sector primario de mayor crecimiento: desde 2001 se ha aumentado en casi un 45 %[3]. Es una paradoja que nuestros impuestos continúen financiando un sistema que nos empuja a contaminar el planeta.

Otro frente sobre el que podemos intervenir y conseguir beneficios para nuestra salud y la del planeta Tierra es el consumo de carne: la cría intensiva es responsable del 14,5 % de las
emisiones globales de gases invernaderos. 
Y además, de nuevo la responsabilidad es de Occidente, donde en los últimos 50 años el consumo de carne se ha cuadruplicado: un ciudadano de la Unión Europea consume una media de 80,6 kg anuales. Según las indicaciones de la OMS, 25 kg serían suficiente, pero reducir esta cantidad ya sería una victoria. El consumo en África es cuatro veces menor con respecto a la media de América, Europa y Oceanía, y corresponde con el 17% del nivel de consumo de proteínas recomendado para nuestra salud y para la del planeta.[4]

Sin embargo, las poblaciones más frágiles y menos responsables son las que más sufren los efectos del clima, que cambia tanto que obliga a comunidades enteras a moverse en un solo día: según la Organización Internacional para las Migraciones, entre 25 y mil millones de personas podrían verse empujadas a la migración durante los próximos 40 años. El aumento del nivel de los océanos obligará a 187 millones de personas a huir de los territorios sumergidos (el gasto necesario para abordar el problema del avance oceánico se estima en alrededor del 9 % del PIB mundial). A esto se le debe añadir la contribución de los desperdicios. El desperdicio genera 3.300 [5] millones de toneladas de gases de efecto invernadero, un valor que pone en evidencia la necesidad de cambiar el modelo. Comencemos con la comida, la causa, la víctima y una posible solución y factor para contener el calentamiento global.

Así nace Comida para el cambio: una campaña que se desarrollará dentro y fuera de la red y que parte de las experiencias y ejemplos positivos y de las soluciones adoptadas por nuestra comunidad en todo el mundo. Pero Comida para el cambio también es una llamada a la acción, una invitación a actuar a partir del primer desafío que tendrá lugar del 16 a 22 de octubre y que implicará a los Slow foodies de todo el mundo: durante una semana se puede escoger cocinar solo con ingredientes locales, no comer carne, llevar una semana de residuo cero o las tres iniciativas. Además, ¡Slow Food EE.UU. regalará tres fantásticos viajes! Uno a Slow Food Nations (en los Estados Unidos, julio 2019) e incluso a Bruselas, donde se podrá conocer a uno de los cocineros de nuestra Alianza. Según el número de personas que participen en este desafío y gracias a la colaboración de Indaco2 (Indicadores ambientales y CO2, una spin-off de la Universidad de Siena), podremos estimar la cantidad de CO2 que nos hemos ahorrado gracias al trabajo colectivo.

En nuestra página web (www.slowfood.it/food-for-change) ya puedes encontrar los resultados de la investigación Dieta amica del clima, además de un estudio sobre los datos que muestran la relación entre el clima y la alimentación El estudio, llevado a cabo por Indaco2 con el asesoramiento del doctor Andrea Pezzana, médico nutricionista (SC Clinical Nutrition – ASL Ciudad de Turín), calcula la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero debido a una dieta más saludable. Los expertos han calculado que decantarse por vegetales y legumbres, reducir la ingesta de carne y renunciar a la comida procesada comporta una reducción notable de las emisiones de CO2. En resumen, escoger sostenibilidad y salud implica reducir cada semana el equivalente a 23 kg de CO2. ¿Y eso qué significa? Evitar anualmente al planeta una cantidad de gases de efecto invernadero equivalente a la que emite un coche que recorre 3.300 km. Si consideramos que cada europeo recorre una media 12.000 km anuales, consumir habitualmente comida saludable equivale a deja el coche en el garaje durante más de 3 meses.

 

Oficina de Prensa de Terra Madre Salone del Gusto 2018

Slow Food, +39 329 83 212 85 internationalpress@slowfood.it – Twitter: @SlowFoodPress

Región del Piamonte, +39 011 432 2549 – donatella.actis@regione.piemonte.it

Ciudad de Turín, +39 011 011 23 602 – +39 349 416 26 57 – mauro.gentile@comune.torino.it

 

Terra Madre Salone del Gusto es un evento organizado por la ciudad de Turín, Slow Food y la Región del Piamonte, en colaboración con el MIPAAF (el Ministerio italiano de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales). El evento será posible gracias a sus patrocinadores, incluyendo los colaboradores oficiales GLEvents-Lingotto Fiere, IREN, Lavazza, Lurisia, Parmigiano Reggiano, Pastificio Di Martino y Quality Beer Academy; con el apoyo de Compagnia di San Paolo, Fondazione CRT-Cassa di Risparmio di Torino, Associazione delle Fondazioni di Origine Bancaria del Piemonte y Coldiretti; y con la contribución del FIDA, la Unión Europea y la CIA (Confederazione Italiana Agricoltori).

Slow Food es una organización de base mundial que concibe un mundo en el que todas las personas puedan acceder y disfrutar de una alimentación buena: buena para los que la consumen, los que la cultivan y para el planeta. Más de un millón de activistas, cocineros, expertos, jóvenes, productores, pescadores y académicos de 160 países están comprometidos con Slow Food. 

 

[1] Datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático es el foro científico formado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas por el Ambiente (UNEP) con el fin de estudiar el calentamiento global. Actualmente es la institución científica de referencia en los estudios de sector.

[2] Cambia la Terra. Così l’agricoltura convenzionale inquina l’economia (oltre che il Pianeta), informe de 2018 promovido por Federbio, con el apoyo de Isde, Legambiente, Lipu y Wwf.

[3] FAO 2012

[4] World Livestock 2011: Livestock in food security, FAO, 2011

[5] FAO 2015

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