Una mirada innovadora desde el mundo de las agroecologías emergentes en Venezuela

23 Oct 2019

 width=La República Bolivariana de Venezuela está atravesando una profunda crisis humanitaria y alimentaria. Según datos de la FAO (2018), en la última década, la prevalencia de hambre y subalimentación en el país aumentó de aproximadamente cuatro veces pasando de un porcentaje de 6,4% de personas que sufrían de hambre entre 2012 y 2014 a 21,2% entre 2016 y 2018.

Esta compleja situación se debe en parte al fenómeno de la hiperinflación que sigue afectando al país, a la devaluación de la moneda local y a sanciones internacionales, factores que entre otros afectan el poder de adquisición de la población local y dificultan el acceso a una alimentación adecuada y a los bienes de primera necesidad. A esto se suma un modelo agroalimentario insostenible e inviable, que no contribuye a la soberanía alimentaria de la población venezolana.

En este contexto, la Asociación Venezolana de Agroecología (AVA) – un colectivo conformado por organizaciones sociales, campesinas, académicas y actores interesados en impulsar sistemas agroalimentarios sostenibles – promovió la realización de la tercera edición del Congreso Venezolano de Agreocología. El Evento – organizado bajo el lema “Abono de esperanza para la resistencia y la construcción de otros mundos posibles» – se celebró del 17 al 19 de octubre 2019 en las aulas de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE) de Caracas. Contó con la activa participación de aproximadamente 500 personas entre campesinos/as, agrourbanos/as, estudiantes, truequero/as, comuneros/as, huerteros/as, investigadores/as, pescadores/as, agrónomos/as etc provenientes de 18 Estados del país.

Los participantes trabajaron durante 3 días intensos, en los cuales se socializaron 178 trabajos de investigación y se compartieron experiencias y buenas prácticas de todo el país. Se organizaron mesas de trabajo, espacios de intercambio y ponencias magistrales, con el fin de impulsar un sistema agroalimentario sostenible e inclusivo y generar estrategias colectivas que permitan construir un movimiento agroecológico nacional, enfocado a aportar soluciones a las actuales tensiones que afectan el sistema agroalimentario nacional y en la construcción de nuevos horizontes de combate por la vida, a favor de otros mundos posibles de mayor igualdad social y política. Además, se organizaron ferias de semillas campesinas, ferias de innovaciones agrícolas con tecnologías apropiadas, truekes y otras actividades culturales promovidas por los colectivos que atendieron el evento.

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La reflexión se enfocó en el rol de la agroecología como punto de partida para implementar iniciativas innovadoras y audaces que proporcionen una respuesta concreta a la actual crisis alimentaria que vive el país. Tal como destacó Dayana Ortiz, bióloga de la Universidad Bolivariana de Venezuela: “la agroecología no sólo es una ciencia, es un movimiento, una práctica cotidiana: es la vida misma en el planeta. No debemos colocar a la naturaleza apartada de las sociedades humanas. Debemos reconocer que somos parte de la naturaleza, y aprender a establecer relaciones responsables”.

De su lado, Slow Food promueve la agroecología como piedra angular para garantizar a todas y todos el acceso a una dieta rica en nutrientes y respetuosa de las culturas, preservar la biodiversidad y los recursos naturales, hacer frente al cambio climático y restablecer el papel central de la agricultura y los agricultores/as en el sistema agroalimentario.

Slow Food apuesta por un enfoque agroecológico, según el cual los cultivos se consideran parte del ecosistema y la forma de cultivo está orientada al respeto de la complejidad del medio ambiente y de las interacciones relativas entre las diferentes especies agrícolas, animales, naturales y el medio ambiente. Se trata de un enfoque que salvaguarda la biodiversidad y la fertilidad del suelo, que respeta el conocimiento tradicional y lo adapta al contexto de cada territorio.

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Según Olga Domené, parte de la Coordinación General del Congreso, agroecóloga y coordinadora del Convivium Slow Food “Agroecólogos en Acción”: “En Venezuela, estamos viviendo un momento muy especial, las políticas públicas favorecen la aparición de la agroecología, pero no es suficiente.  En el marco de la actual crisis, una de las más duras de los últimos años, se abren nuevas oportunidades, se abren brechas donde cohabitan múltiples y diversos movimientos vinculados a otras formas de sistemas alimentarios.  Por eso estamos visibilizando la emergencia de un mosaico agroecológico territorial que se expande en todo el territorio nacional y que está proponiendo otras formas de pensar y hacer, y que hoy alimenta a miles de venezolanos. Esta es una agroecología que toma distancia de las academias, es un agroecología popular y situada, una agroecología desde los márgenes. Se trató de un evento sin ningún tipo de financiamiento, que fue posible gracias a la solidaridad y las diversas cayapas para alimentación, alojamiento, cobertura mediática y demás; lo que demuestra que las fuerzas están encaminadas hacia la necesidad de organizarnos. Terminó el Congreso y ahora comienza el movimiento conformado por articulaciones territoriales, así seguimos”.

 

 

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