Un huerto en África para Alberto

22 Sep 2021

Crear huertos buenos, limpios y justos en las escuelas y comunidades africanas: ya en 2010, éste era el objetivo principal con el que Slow Food lanzó el proyecto Huertos en África en Turín, durante el Terra Madre Salone del Gusto, para sensibilizar a las generaciones más jóvenes sobre la importancia de la biodiversidad alimentaria y el acceso a los alimentos locales y frescos.

Alberto López de Ipiña, Consejero Internacional por España, siempre ha tenido ésto en mente, en los muchos años de voluntariado y pasión dedicados a Slow Food.

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Cuando nos dejó el pasado junio, amigos y colegas decidieron donar una generosa suma de dinero a su esposa Maite para que pudiera seguir dando vida a todo aquello en lo que Alberto creía. Así, el dinero se destinó a la escuela de la aldea de Ngumo, Karunga, en el subcondado de Gilgil (Kenia), para que su huerto escolar pudiera ampliarse.

«Alberto había visitado este huerto en 2018, durante el Consejo Internacional de Slow Food en Nairobi, Kenia. – nos cuenta Paolo Di Croce, Secretario General de Slow Food – Se había emocionado al ver cómo Slow Food transformaba la vida de las comunidades rurales a través de la agroecología y la conservación de la biodiversidad. En este país, la agricultura es la principal fuente de sustento, pero los jóvenes se alejan de ella, por considerarla una profesión indigna, agotadora y poco gratificante. Por ello, los huertos escolares tienen un papel fundamental para inculcar a los jóvenes una actitud positiva hacia la alimentación, la agricultura y el medio ambiente, y para hacerles comprender que la agricultura es un sector que puede crear oportunidades de trabajo satisfactorias para los jóvenes».

 width=En la escuela primaria de Ngumo, el huerto contribuirá a extender el concepto de alimentación sana y respetuosa con el medio ambiente entre el medio centenar de personas que lo cuidarán, al igual que Alberto lo difundió entre los escolares de Vitoria, en la provincia de Álava, y en la UPV, la universidad vasca donde abría los principios de Slow Food con su incansable dedicación.

«De hecho, Alberto estaba convencido de que había que empezar por los más pequeños – continúa Di Croce – para acercarlos a la tierra y al consumo local de productos de temporada, para llevar a los niños al campo y a los productores, verdaderos custodios de las tradiciones y la biodiversidad local, a las escuelas. Argumentó que la concienciación y la educación ambiental son dos herramientas necesarias para asegurar la preservación de nuestras huertas, nuestras explotaciones, nuestra ganadería y para mejorar el reconocimiento social de todos los valores productivos, ambientales, culturales y paisajísticos que encierran los sistemas agrarios periurbanos, porque es imposible respetar y defender lo que no se conoce».

Slow Food Araba-Alava, el Convivium que fundó en 2005, siempre ha participado en un programa de educación ambiental y nutricional y de promoción del consumo de productos locales dirigido a las escuelas, a través de visitas de los escolares a los productores y de material didáctico como folletos, cuadernillos o vídeos. La educación alimentaria y nutricional se considera una estrategia para la promoción de hábitos alimentarios saludables, la promoción de hábitos alimentarios saludables, y la escuela es quizás el lugar más adecuado para desarrollar estas acciones.

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«Las nuevas generaciones, y los niños en particular, corren el riesgo de perder, además del vínculo con la tierra y la relación con las estaciones, el sentido mismo del acto de comer. – explica Javi Chaves, productor de La Huerta Esmeralda en Basaldea, Vitoria – Por eso, con Alberto, siempre hemos creído firmemente en las actividades educativas y organizamos muchas clases y talleres de cocina como forma de difundir la cultura de la alimentación y desarrollar los cinco sentidos a través de los alimentos».

Los huertos comunitarios locales en África son una de las muchas herramientas de valorización de los productos y conocimientos tradicionales mediante el uso de técnicas sostenibles, la participación de los jóvenes con la ayuda de los ancianos, verdaderos custodios de los conocimientos ancestrales. Algunos de los huertos del continente africano son, de hecho, huertos escolares, es decir, verdaderas aulas al aire libre con una importante función educativa y, a veces, de abastecimiento del comedor, mientras que otros son huertos comunitarios, pero lo fundamental para su puesta en marcha es la implicación de toda la comunidad local, incluidas las personas mayores.

«Los huertos escolares están desempeñando un papel fundamental a la hora de inculcar una actitud positiva hacia la alimentación, la agricultura y el medio ambiente en los jóvenes que están creciendo, ya que están desmitificando la narrativa y haciendo que la agricultura sostenible sea atractiva para los jóvenes como un sector que puede crear oportunidades de trabajo decente para los jóvenes», – afirma John Kariuki, Consejero de Slow Food para África Oriental y director del proyecto Gardens in Africa en Kenia. – Por éso es fundamental el apoyo y la contribución de cada vez más personas para crear el mayor número posible de huertos en el mayor número de comunidades africanas».

En esta página se puede encontrar información detallada sobre cómo adoptar un huerto Slow Food.

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