Slow Food Heroes: #SOScampesinado

09 Jun 2022

La crisis desencadenada por el COVID-19 ha reforzado los poderes, su tradicionalismo y hegemonía. Pero a su vez, también ha provocado el surgimiento de procesos espontáneos de autoorganización, apoyo mutuo y articulación, entre movimientos sociales y ciudadanos para responder a una realidad socioeconómica crítica. En el caso de los movimientos agroecológicos, una de estas respuestas a la crisis ha sido la campaña #SOSCampesinado, de la que compartimos reflexiones y aprendizajes gracias a las palabras de Patricia Dopazo Gallego, periodista de Soberanía Alimentaria. 

España fue uno de los países más afectados por la crisis de Covid-19. El cierre del país comenzó el 14 de marzo de 2020 y fue uno de los más estrictos de Europa. La pandemia alcanzó a poner de manifiesto la urgencia de reivindicar la importancia de aquellas actividades que se han vuelto más esenciales que nunca, a pesar de su habitual invisibilidad en una sociedad centrada en el mercado. 

La producción, distribución y comercialización de alimentos no tardó en ser declarada una actividad esencial, pero ¿cuál responde a qué modelo? 

Mientras en España se cerraba todo el canal Horeca (hoteles, restaurantes y caterings), y los espacios de venta directa (grupos de consumo, mercados de productores, máquinas expendedoras de leche, etc.) y la pequeña producción buscaba formas de sobrevivir, la cara visible del sector alimentario era un ministro, que decía que no había problema de abastecimiento porque las grandes cadenas de distribución seguían operando.

¿Qué alternativas se ofrecieron para garantizar el funcionamiento de los circuitos cortos de comercialización y la supervivencia de la pequeña producción? Ninguna. Esta es la paradójica y dicotómica realidad de un discurso y unas medidas que consideran a la gran distribución -que expolia al campesinado- como la única vía de acceso a los alimentos.

En presencia de este panorama, muchos nos rebelamos frente a la necesidad de defender lo esencial: las actividades que garantizan el sustento de las vidas más allá del negocio.

Así que decidimos denunciar la situación para crear conciencia en la esfera política y también entre los ciudadanos. La campaña obligó a los gobernantes de algunas regiones a buscar soluciones, y unas semanas después de la misma se volvieron a abrir los mercadillos en diversas áreas como Barcelona y Euskadi

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Una acción espontánea desde un espacio informal

La iniciativa #SOScampesinado surge de una red de alrededor de 40 mujeres provenientes de distintos puntos de España, quienes llevamos varios años unidas por la necesidad de abordar la agroecología y la soberanía alimentaria desde una perspectiva feminista.

Entre nosotras existen ganaderas, pastoras, comunicadoras, sindicalistas, activistas agroecológicas y ambientales e investigadoras, entonces, cuando llegó el encierro y compartimos cómo estábamos y en qué forma nos podíamos apoyar se activó un sentido de urgencia en el grupo. 

Desde la firme convicción de que la agroecología es esencial para garantizar el derecho a una alimentación y nutrición adecuadas, sentimos que las decisiones de las instituciones públicas no estaban orientadas a proteger estos derechos. Creemos que, en estas situaciones son centrales los procesos de organización colectiva, resistencia, apoyo mutuo e insistencia.

A partir de un ágil intercambio de experiencias y estrategias (a través de correos electrónicos, llamadas y mensajes), decidimos organizarnos y movilizarnos a nivel estatal bajo la motivación de las distintas iniciativas territoriales con las que estábamos conectados.

Nuestras reivindicaciones se hicieron públicas el 30 de marzo en una carta al Ministerio de Agricultura, firmada por más de 100 organizaciones. En ella pedíamos, entre otras cosas, la reapertura de los mercados locales y el levantamiento de la prohibición en el uso de las huertas de autoconsumo, así como la aplicación de medidas financieras y fiscales para paliar el enorme impacto que la crisis está teniendo en las economías rurales.

También insistimos en la necesidad de la coordinación entre administraciones (interministerial, interregional y local) para evitar perturbaciones, dispersión e ineficiencias en la adopción de medidas.

En definitiva, pedíamos a la gerencia pública que apoyara y reconociera la importancia de las zonas de producción y autoabastecimiento local como proveedoras de alimentos para nuestras comunidades.

En pocos días, gracias a la prensa y redes sociales virtuales y presenciales, la carta fue firmada por 600 organizaciones más y, lo más importante, logró dar a conocer la realidad de la pequeña producción, la transformación agroalimentaria y sus cortos circuitos de comercialización. Además, esta acción tuvo sus réplicas y alianzas con otras campañas en los territorios, reflejando el potencial y las sinergias de las luchas por los derechos campesinos y de la colectividad.

Otra acción relacionada, que fue viral en las redes sociales y apoyada por nuestra campaña fue #Yocomodelahuerta, creada por personas que tienen una huerta para su propio autoabastecimiento y que se vieron afectadas por las restricciones al no estar permitido salir a cuidar este tipo de siembra. 

 

Un formato de uso gratuito

En un segundo momento, toda la actividad fue adaptada y replicada a escala local o regional, y dirigida por diferentes personas (no solo mujeres). Fue como una acción de creative commons y nos alegramos de que cualquiera pueda transformarla y utilizarla gratuitamente.

Fue capaz de motivar la difusión de muchas más iniciativas a menor escala, y algunas de ellas incluyeron acciones con los productores, como esta en Cataluña: un mapa de directorio sobre cada pequeño productor agroecológico, que fue una idea maravillosa para promoverlos y aumentar el contacto directo con los consumidores.

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¿Cómo es un proceso feminista?

Un aprendizaje que consideramos fundamental en la campaña, reside en el proceso mismo. Teniendo muy presente la urgencia de esta acción, fuimos capaces de adaptarla a nuestra disponibilidad, y no al revés. Lo hemos visto en la distribución y relevo de tareas, y en los diferentes ritmos que ha tenido la campaña en sus dos meses de duración, porque han existido fases de entusiasmo y motivación; pero, por supuesto, también de cansancio y dudas.

Hemos incorporado lenguajes diferentes, visiones equilibradas y liderazgos desdibujados, compartiendo recursos, experiencias y relaciones en la construcción colectiva.

La adhesión a la carta se basó en la conciencia solidaria y el respeto a las diferencias territoriales, culturales e identitarias. Es por esto que creemos que ha sido un proceso radicalmente feminista: horizontal, diverso y dialogante, que reconoce los debates, el trabajo teórico y la práctica política que se ha ido construyendo a lo largo de muchas décadas de la mano de mujeres campesinas y de colectivos feministas y agroecológicos.

Quienes conformamos esta red, llevamos años luchando por la agroecología en nuestras regiones, y tras esta experiencia nos hemos dado cuenta una vez más, que es el trabajo de los territorios el que nutre el contenido de los proyectos y la movilización estatal cuando se hace necesaria y urgente.

Nuestra articulación, basada en la confianza y el apoyo mutuo, ha sido un lugar de encuentro en el que las actividades locales pueden compartirse y fortalecerse sin necesidad de un sistema formal o un modelo organizativo clásico.

Así, ante la eterna pregunta de si necesitamos estructuras más complejas, nuestra experiencia ha demostrado que si los territorios están conectados con alianzas y cooperación entre ellos, no es necesaria una organización estatal con dinámicas que muchas veces acaban siendo ineficaces y desgastantes.

La lucha está en las calles

Otra enseñanza a destacar es el enorme impulso y visibilidad que las redes sociales pueden brindar a las luchas en los territorios. No somos expertos en estas herramientas; de hecho, hemos necesitado la ayuda de responsables de comunicación de organizaciones, técnicos de colectivos encargados de medios digitales y creadores de recursos visuales como infografías. 

Las redes sociales no pueden ni deben sustituir nuestros esfuerzos, pero son un complemento fundamental de las movilizaciones en los barrios y pueblos, donde podemos vernos y tocarnos, abrazar la lucha y la esperanza.

Sin embargo, en esta sociedad hiper tecnológica y en el contexto particular que vivimos, con nuestra limitada movilidad, las redes constituyen un espacio indiscutible para generar y defender discursos, difundir prácticas y ejercer presión social. 

La agroecología feminista en la práctica

Si tuviéramos que aventurar una evaluación de todo lo realizado, hoy diríamos que no ha tenido todos los resultados positivos que deseamos.

A nivel institucional, conseguimos reunirnos con el Ministerio de Consumo, que escuchó nuestros mensajes y se comprometió a transmitirlos a otras entidades, aunque con resultados muy limitados.

Se abrieron mercados de productores en algunas regiones, y también huertos de autoconsumo, sin embargo, no hubo un cambio generalizado a nivel estatal hasta que comenzó la fase de desescalada. Muchos siguen cerrados y necesitan presión vecinal para forzar su restablecimiento y el cumplimiento de las normas de seguridad. Sabemos que el mensaje y reivindicaciones llegaron a las instituciones, pero también hemos visto que la mayoría de ellas han priorizado otros intereses.

Esta campaña ha conseguido visibilizar y aglutinar en un mensaje colectivo muchas experiencias agroecológicas que hasta entonces no habían encontrado espacios donde sentirse identificadas, reconocidas o acompañadas en sus demandas.

Creemos que se ha construido una campaña de forma colectiva, horizontal, con cuidado mutuo, sin logos ni membretes, para todos en plural y de nadie en particular.

En definitiva, más allá de este momento de crisis, ya estamos en camino, habiendo incorporado mucha conciencia y, sobre todo, práctica feminista para el avance de la agroecología a través de una campaña inédita que refuerza nuestra convicción de que la agroecología será feminista, o no será.

 

Partes de la historia están tomadas del artículo publicado aquì
Slow Food Heroes is a project financed by European Cultural Foundationwith the contribution of CRC Foundation.

 

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