Sequía y resiliencia en África Oriental

22 Abr 2017

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Hoy, 22 de abril, es el Día de la Tierra. Hace exactamente un año se firmó el emblemático Acuerdo de París, todo un hito que marcaría un punto de inflexión contra el cambio climático antropogénico. No se trata de tomar medidas preventivas para evitar un problema del futuro: el cambio climático ya está sucediendo, y los efectos han sido devastadores, especialmente en las zonas propensas a las sequías. Irónicamente, son los países pobres, los que contaminan menos, los que más sufren el impacto. Pero no todo está perdido. Los granjeros de África se están defendiendo, y su resiliencia es de vital importancia para nuestra seguridad alimentaria. 

Sin el apoyo de subvenciones estatales y leyes que protejan los derechos de los granjeros como las de los países desarrollados, los granjeros y pastores de África se ganan su sustento soportando unas condiciones ambientales y económicas muy duras. Las sequías severas y la hambruna han sido un problema recurrente que se agrava cada vez más en África Oriental durante las últimas décadas, y decenas de millones de personas se han visto afectadas junto con su ganado. A continuación se ofrecen ejemplos de la crisis vigente en Kenia, Tanzania y Uganda en 2017, posiblemente la peor de los últimos 70 años.

El gobernador del condado Marsabit de Kenia, Ukur Yatani, comenta que «el problema de las sequías está empeorando y podría provocar la pérdida de vidas humanas si se retrasa la intervención del gobierno».  Los pastores nómadas, cuyo sustento depende del ganado, se han visto gravemente afectados por la sequía. Tumal Orto, del subcondado Horr de Marsabit y miembro de la red Terra Madre Indígena, declara: «nos encontramos ante un enorme desafío, ya que las perforaciones y los pozos se han secado (el punto de suministro de agua más cercano de nuestra aldea se encuentra a 80 km), no hay pasto para los animales, no hay comida para las personas y la situación está empeorando».  En el condado Baringo se ha registrado una drástica reducción de la producción de leche. Isaac, un ganadero de la zona, nos comenta: «las distancias hasta las fuentes de agua son cada vez mayores para nuestras familias, y esto pone en peligro las vidas de los habitantes y de los animales. El gobierno ha lanzado una iniciativa para comprar unos 100.000 animales en las zonas más afectadas por la sequía para poder evitar a los granjeros posibles pérdidas debidas al agua y al pasto».

En el huerto comunitario de la familia Kiti  y el huerto escolar de Michinda de Slow Food, las semillas de falangera, amarantos, sorgo y  mijo han sido arrasadas por las aves debido a la falta de lluvia. «Las aves se comieron el sorgo y el mijo antes de que estuvieran listos para la cosecha y nos han privado de las semillas para la siguiente temporada», comenta el señor Jackson, capataz del huerto escolar de Michinda.

En el oeste de Uganda, las variedades del mijo de dedo de Teso de Kyere (un Baluarte de Slow Food) han sufrido una pérdida considerable de semillas y se ha destruido el rendimiento del plátano, entre otras cosechas. Además, el uso de variedades híbridas que se promocionan como resistentes a la sequía ha sido un absoluto fracaso. De hecho, los productores de mijo de la región de Teso constatan que las variedades locales han dado mejores resultados que las híbridas. En otros lugares del ‘corredor del ganado’ del país, tras 5 meses sin lluvia, las familias han perdido no solo algunas cabezas de ganado, sino también rebaños enteros, y los granjeros se han visto han obligados a alejarse cada vez más de sus lugares de origen en busca de pastos para los animales que les quedan. Los miembros del ganado bovino de cuerno largo de Ankole (un Baluarte de Slow Food) han tenido que desplazarse 40 kilómetros a pie para tener acceso a pastos decentes. La situación se agrava por culpa de la caída en picado del precio de mercado de las vacas en las zonas más afectadas. En Nakasongola, el precio medio de una vaca ha caído de 500.000 chelines ugandeses a menos de 50.000.

En el norte y el centro de Tanzania ha llovido muy poco este año y muchos cultivos de la zona no han prosperado. Mnayah Mwambapa, miembro de la red de Slow Food en Tanzania, nos explica que los conflictos entre granjeros y pastores están en auge: «Debido a la falta de pastos para su ganado, los pastores entran en las granjas vecinas y apacientan a sus animales en ellas». La región del Kilimanjaro ha sufrido escasez de agua y sequías prolongadas. En Kigoma, la falta de lluvias y el bajo rendimiento de los cultivos son evidentes.

A pesar de la lluvia insuficiente en África Oriental durante largos periodos, los granjeros y pastores de Kenia, Tanzania y Uganda han aprovechado con bastante éxito sus conocimientos tradicionales para sobrevivir a la sequía actual. ¿Cómo han conseguido sacar adelante sus cosechas y mantener a sus rebaños?

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Adrofina Gunga, miembro de la red de Slow Food de Dar es Salaam, explica cómo su hijo logró sacar rendimiento a su cosecha cultivando girasoles. «Después de que todos sus cultivos de maíz fracasaran en Kigoma, mi hijo decidió plantar girasoles, que salieron mejor».

En Kenia la sequía ha sido bastante severa desde 2016, y los granjeros han pasado más de 5 meses sin lluvia.  Sin embargo, Salome Njeri Mwangi, coordinadora del huerto de la familia Karirikania de Slow Food en Kenia y representante del Baluarte de las Ortigas desecadas de la selva de Mau, nos cuenta que su huerto sigue siendo verde todavía.  «A pesar de que los cielos no se han abierto desde hace ya un par de meses y mi huerto no está en muy buen estado, en él todavía tenemos algunas verduras (como el kale local, amarantos, ortigas, cebolletas, hierba mora, etc.), frutas (tamarillos, pepinos melón, fresas, etc.), tubérculos (yuca, boniatos y patatas) y legumbres (habas y judías espárrago) de las que todavía vivimos, ya que sus precios se han disparado debido a la creciente demanda y al escaso suministro». Según ella, el secreto del éxito durante la sequía consiste en asegurar que el suelo sea fértil.  Gracias a ello, han conseguido una mejor capacidad para retener el agua en el suelo que, reforzado por la buena cobertura de las plantas,  ha podido sobrevivir a un par de días sin agua, ya que su necesidad es muy baja. Salome Njeri Mwangi explica también la importancia de plantar cultivos resistentes a la sequía que necesiten menos agua. «Hay que plantar yuca, ortigas, boniatos, frijoles comunes, garbanzos, guandús, sorgo, mijo y verduras indígenas como los amarantos o la hierba mora».

Tumal Orto, del condado de Marsabit, nos cuenta: «Mis antepasados llevan 235 años guardando camellos y cabras aquí, a lo largo de muchas generaciones. Yo continúo con su tradición y tengo que sobrevivir a la sequía sea como sea. En los tiempos de bonanza yo consumía teniendo en mente las futuras sequías. Hay que estar preparado. El secreto de la resiliencia es adoptar una “capacidad de adaptación” para asegurarse de tener recursos suficientes durante épocas de prosperidad y durante los periodos de sequía para evitar pérdidas. Antes de la sequía todos mis animales se encontraban en buen estado y en estos momentos sigo teniendo el 90 % de los animales que tenía. Ninguno de ellos ha muerto debido a la falta de agua y comida y todos ellos están sanos gracias a esta capacidad de adaptación. Creo que si todos cuidamos este aspecto, los pastores mejorarán su situación».

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