Respetando la tierra y buscando conocimiento ancestral después de COVID-19

25 May 2020

A medida que el COVID-19 sacude el mundo, es aún más evidente cómo el sistema de producción industrial de alimentos no puede proporcionar alimentos a todos, especialmente a los más vulnerables y mucho menos asegurar la soberanía alimentaria de los pueblos. Si queremos  mejorar el sistema alimentario, y que éste  respete la tierra y su biodiversidad, debemos observar el conocimiento ancestral de los pueblos indígenas y cómo éstos se han adaptado a los medios a lo largo de los siglos, aplicando prácticas agroecológicas y regenerativas para mantener la tierra sana y asegurar la supervivencia sus pueblos.

Durante el evento Indigenous Terra Madre – Pueblos de América, aprendimos la importancia de convivir en una relación armoniosa con la tierra y el medio ambiente, para comprender los cambios sutiles o violentos que afectan la producción de alimentos. También aprendimos el importante papel que tienen las mujeres indígenas en esta conexión con la tierra, y los problemas que enfrentan en sus comunidades para lograr la soberanía alimentaria y a defensa de sus territorios. 

Hoy queremos resaltar algunas de las lecciones de este encuentro, que son lecciones para la humanidad.

Conocimiento ancestral y el clima

La profunda conexión que las comunidades tienen con su entorno les ha permitido, por siglos, captar las señales de pájaros, insectos y otros seres vivos que alertan sobre los cambios estacionales, para así planear sus cosechas. 

Mi abuelo siempre ha seguido la llegada de las aves del norte que anuncian la próxima temporada de lluvias. Este año, plantó los campos después de que llegaron los pájaros, pero la lluvia nunca llegó. Muchos granjeros perdieron sus cosechas, y otros, como mi abuelo, debieron traer agua del páramo para regar las cosechas. En la zona de Quito, la capital, llovió demasiado, incluyendo granizo dañino, arruinando muchos de los cultivos tiernos. Los agricultores ahora se están adaptando al clima cambiante para plantar productos que puedan funcionar bien”. Zarasisa Wakamaya Cazho Zaruma, Red Indígena Slow Food Chumbi, Ecuador.

Trabajar con la naturaleza también les ha ayudado a prepararse para cambios imprevistos, como lo ha hecho, desde la antigüedad, el pueblo Mayas, excelentes meliponicultores:

Los antiguos Mayas observaban el comportamiento de las abejas Xuunáan kaab, lo hacían  para predecir las acontecimientos importantes que ocurrirán en el año,, esta práctica ha sido transmitida de generación en generación, es por ello que el dia de hoy, la observación de las abejas sigue siendo una práctica utilizada para la predicción y elaboración del calendario maya annual o Xoc kín. En el ejercicio podemos observar a las abejas formando diferentes patrones en la piquera de sus colmenas, el comportamiento y el patrón de vuelo. Curiosamente cada vez que un gran desastre natural está por suceder, como un terremoto, un tornado o un huracán, en cualquier parte del mundo, la abejas se comportan de forma distinta.

Gracias al avance en la  decodificación de los códices, recientemente se ha descubierto lo mucho que las abejas fueron veneradas por los ancestros. Los glifos señalan ceremonias y rituales de agradecimiento a las abejas por los mismísimos dioses, actividad que actualmente se encuentran presente en la dinámica de producción. La abeja Xuunáan kaab y su  miel sagrada proveniente de los bosques nativos  fueron, son y serán elementos de gran importancia para que la cultura maya continúe viva,” dijo Minela Guadalupe Xiu Canche, maya y miembro del Baluarte de la Miel de Abeja Nativa de Yucatán.

Los Mayas también entendieron que las fuerzas de la naturaleza incluían el mundo fuera de la tierra, y siguieron los ciclos de la luna y los patrones de lluvia, al igual que la agricultura biodinámica hace hoy.

“Los mayas antiguos y actuales han realizado el conteo de los días o Xook Kín para predecir el clima del año en curso  esta actividad es sumamente importante para poder elaborar calendarios de siembra y estar atentos ante cualquier eventualidad climática. El ejercicio se basa principalmente en la observación, el cual consiste en lo siguiente; en el primer día del mes de enero se observan los comportamientos de las aves, los insectos, la forma de las nubes, la intensidad del viento, el clima inclusive el temperamento de las personas, todo lo que se describe se apunta y todo lo observado servirá para la predicción del mes de Enero. El dia 2 de enero le corresponde al mes de Febrero y así sucesivamente hasta llegar al dia 12 de enero el cual le corresponde al mes de diciembre, a partir del 13, se inicia otro conteo de forma regresiva hasta cerrar de nueva cuenta con el mes de Enero” , dijo Minela Guadalupe y otros participantes comentaron que en sus pueblos, en México, esta práctica también se sigue usando.

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Photo credit tripinyourshoes.com

Amenazas y Adaptación

A medida que el cambio climático perturba los ciclos de la naturaleza, los pueblos indígenas buscan comprender los nuevos ritmos y aprender a adaptarse, como lo han hecho en el pasado cada vez que han sido desplazados de sus tierras ancestrales. 

«Hemos visto un cambio creciente en la llegada y la fuerza de las lluvias. En las montañas altas, por ejemplo, las lluvias no llegan como de costumbre, y cuando llegan vienen con fuerza y ​​granizo dañino, flotando en los campos y arruinando las hojas tiernas. Los agricultores se están adaptando, cavando trincheras para desviar el agua de los campos. El otro problema es la escarcha. Para nosotros, las temperaturas frías son importantes para congelar en seco ciertas variedades de papas (y preservarlas). En los últimos años hemos tenido una temporada de frío desigual, a veces demasiado frío matando el producto antes de la cosecha, y a veces no lo suficientemente frío poniendo en peligro nuestra tradición de preservar estas papas». Ricardo Nahuel Valenzuela Antezana, Sisay, red Slow Food Perú.

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Photo credit Paula Thomas

Entender los cambios climáticos es tener soberanía sobre la alimentación y poder planear con más cautela los pasos a seguir.

“En mi comunidad, la mandioca es un cultivo vital. Comemos mandioca en casi todas las comidas, y ahora también estamos creando productos, como galletas y otros productos de valor agregado que podemos vender en los mercados. Sin embargo, la sequía recurrente ha creado problemas con nuestra producción de mandioca. El problema con la mandioca es que una vez que se cosecha el bulbo, o raíz, necesitamos plantar para la próxima cosecha para sobrevivir. Si recolectamos toda nuestra mandioca, los tallos de las nuevas plantas tienen una ventana máxima de tres meses antes de que mueran. Y hay que plantarlo con las lluvias, porque necesitan de mucha agua. En 2018, nuestra comunidad cosechó 80 toneladas de mandioca, sin embargo, en 2019 debido a la falta de lluvia, solo cosechamos 39 toneladas y mantuvimos las raíces bajo tierra para garantizar una cosecha una vez que llegaron las lluvias”. Antônio Almeida Reis, Baluarte Slow Food de Harina de Mandioca del Pueblo Kirirì, Bahía, Brasil

Biodiversidad y soberanía alimentaria

Los agricultores indígenas comprenden la importancia que tiene el ecosistema que los rodea en la producción de alimentos. Y están concientizados sobre la necesidad de un medio ambiente sano y biodiverso para el futuro de su seguridad alimentaria, su identidad y su cultura.

En mi región de Tlalcuapan, cosechamos, consumimos y vendemos hongos silvestres del bosque. Es una parte intrincada de nuestras costumbres: en la región hay aproximadamente 500 variedades de hongos, y consumimos 35 de ellas a menudo, y que tienen un fuerte vínculo con nuestra identidad y tradiciones alimentarias. La deforestación está amenazando a estos hongos silvestres, reduciendo su hábitat y la humedad necesaria para que crezcan. Reducir los hongos también puede tener un impacto en otras especies en el área, además, a medida que perdemos variedades, perdemos palabras de nuestro idioma nativo que nuestros hijos nunca sabrán«. Ismael Bello Cervantes, Comunidad Slow Food del grupo Biocultural Yoloaltepelt, México.

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Su lucha, que debería ser la lucha de todos, continúa para preservar estas tradiciones que han protegido su tierra y sus cultura durante siglos.

En mi comunidad, las personas han tenido, durante siglos, sus propios chagras o jardines, desde donde podían alimentar a sus familias, independientemente de las fuerzas externas del mercado. Con la influencia externa de los productos básicos, esta tradición está muriendo a medida que las personas ven dinero rápido en el cultivo de un monocultivo, o no cultivan nada, y confían en los productos que pueden comprar en la tienda. En nuestra comunidad estamos trabajando para sensibilizar a mi gente sobre la importancia de regresar a nuestros chagras, para tener un lugar donde podamos continuar cultivando nuestra propia comida y preservar nuestro patrimonio y tradiciones. Los abuelos, por ejemplo, saben que cuando llega el verano y un tipo de gusanito sale a la superficie del abono y se convierte en mosquitos, es hora de cosechar la papa, y guardar las que serán semilla para la próxima cosecha, este tipo de conocimiento tradicional es el que debemos conservar”. Julian Andres Mojonboy Ordonez, Comunidad de Conocimiento Ancestral de Narino, Colombia.

Las mujeres indígenas y la necesidad de cambio

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Milpa system Chiapas, Mexico Photo Credit Gabrila Sanabria

En los sistemas alimentarios de muchos pueblos indígenas, las mujeres son el anillo más vulnerable. Esto se debe  a las normas establecidas que las mantienen alejadas, por ejemplo, de la posesión de tierras o de la comercialización (y por lo tanto del acceso al dinero), a pesar de que son vitales para la producción de alimentos en muchas comunidades.

«Estamos trabajando con semillas nativas para preservar el ecosistema, cuidando el suelo, los insectos, las aves y toda la cadena desde la semilla hasta la placa. Producimos 17 variedades de quinua, más de 40 variedades de frijoles, 10 maíz diferentes, entre otras plantas. Mi madre comenzó a trabajar con esta idea hace 10 años desafiando el juicio de las personas que la menospreciaban por ser una mujer indígena y una madre soltera. Ella ha luchado contra el sistema para cambiar la mentalidad de las personas sobre el precio justo que merecen los agricultores y productores indígenas«. Zarasisa Wakamaya Cazho Zaruma, Red Chumbi, Ecuador.

Fuerzas externas también son parte de la dificultad para recibir fondos y ser vistas con respeto como productoras esenciales de productos buenos, limpios, justos y tradicionales. 

Como mujer indígena me sentí discriminada en varias oportunidades. En la ciudad la segregación y el trato diferencial hacia los pueblos indígenas es evidente. Para determinados sectores nosotros –los indígenas- somos seres primitivos que carecemos de educación y desconocemos las formas de vida urbana. E incluso quieren enseñarnos cómo usurpar los recursos de nuestra Madre Tierra, y de qué manera deberíamos cultivar nuestras tierras, con pesticidas y transgénicos. Ellos piensan que nosotros solamente priorizamos las ganancias. Desde mi experiencia, y lo que aprendí en mi lugar de origen y con mi familia, intento recuperar nuestros conocimientos y sabidurías ancestrales, las cuales permiten que nuestras tierras sean fértiles y productivas. Además nos permiten respetar y festejar nuestras tradiciones. Nosotros somos conscientes de que la agro-industria está amenazando nuestro futuro y el de nuestras culturas”. Lizet Patzi Bautista, Comunidad Slow Food Cochabamba «Cocina, producción, ecología y educación». Bolivia

Dalí Nolasco soñó con recibir a los delegados de los diferentes países de Pueblos Indígenas Terra Madre Pueblos de América en su comunidad de Tlaola, Puebla. Una fuerza de inspiración para las jóvenes indígenas, Dalí ve la oportunidad COVID-19 como un trampolín para el cambio.

La pandemia ha puesto al frente del debate el papel de los campesinos de pueblos indígenas y rurales y su estrecha relación que tiene con la madre tierra, las semillas y los alimentos. Y en estos momentos de crisis reconocemos que para nosotros también es un momento de grandes oportunidades para recuperar nuestra soberanía alimentaria, para pensar en un mundo sostenible, respetuoso con la madre tierra y más colaborativo desde lo comunitario.

Es una oportunidad para volver a conectar con la vida, con la tierra, de enseñarles a los jóvenes a los niños a amar el campo, como lo amaban nuestros ancestros, de conectar con nuestra abuelas a través de los alimentos, de recordarlas y honrarlas disfrutando de nuestros sabores ancestrales. Tengo una gran esperanza porque cada dia veo a más jóvenes y niños dialogando con los adultos y abuelos, aprendiendo de ellos, que participan y hacen conciencia desde un punto de vista ecológico y de cuidado a la madre tierra, empiezan a participar en espacios políticos para cambiar al mundo, por eso pienso que a pesar de las dificultades por las que estamos y vamos a vivir tengo mucha fe en que  las y los jóvenes cambien la historia  de este futuro incierto. Ellos harán realidad nuestros sueños del buen vivir.Coordinadora de la Red Indígena Terra Madre para América Latina y el Caribe.

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Este evento fue posible gracias al apoyo del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola – FIDA, The Christensen Fund y Tamalpais Trust.

Cambiar el mundo a través de la comida

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