Resistiendo a los Transgénicos en Bolivia

21 Ago 2017

slow_food_boliviaComo el resto del continente y el mundo, Bolivia no ha sido ajena a los procesos globalizadores que han acortado distancias, han masificado la información y han convertido en consumidores a las poblaciones locales, imponiendo una cultura mundial que margina las identidades locales.

A la par de los procesos urbanos se han desarrollado procesos rurales sobre el estilo de agricultura que responda al proceso globalizador, el oriente del país con sus amplias extensiones de bosques y selvas han dado lugar a extensas plantaciones de cultivos comerciales como soya, girasol, trigo, algodón, pastizales y caña de azúcar, frente al olvido de las zonas montañosas y altas, donde pervive una agricultura tradicional que alimenta a la población con verduras, tubérculos y cereales, en escalas reducidas. Perviven y se enfrentan dos estilos de agricultura, el de gran escala, con fines comerciales y alto uso de insumos externos y la agricultura de pequeña escala, de autoconsumo y excedentes para el mercado, y uso de insumos locales y propios. Pese a que la realidad, las demandas y los impactos son diferentes, las políticas agrarias en Bolivia aun no son diferenciadas.

El año 2005 se autorizó la producción de la soya transgénica RR pese a la resistencia de la población contra los OGMs que inicio cuando se intentó aprobar una variedad de papa transgénica. Esta incursión de la producción transgénica al país articulo a diversas instancias en colectivos y movimientos identificados con una posición de rechazo y resistencia, creando la Plataforma Bolivia Libre de Transgénicos, donde se suma el convivium Consumo Responsable representando a Slow Food Bolivia.

Pese a las barreras legales de la constitución boliviana, hay una fuerte presión de la agroindustria empresarial para ampliar la producción transgénica en el país, quedando claro que la próxima amenaza está en la intención de legalizar semillas transgénicas de maíz. Por este motivo, como acción defensiva se lanzó la Campaña “El maíz es mi raíz” y se construyeron los argumentos de defensa en base a antecedentes arqueológicos del maíz que demuestran que Bolivia es centro de origen y diversidad del maíz, con esta base se propuso a la variedad de maíz andino en el Arca del Gusto.

Parte de las acciones de resistencia es la vigilancia permanente en las zonas de cultivo de maíz, detectando en esta gestión 2017, unas parcelas sembradas con maíz transgénico en el chaco, lo que se convirtió en una denuncia pública, obligando a las autoridades a eliminar ese cultivo ilegal.

Esta resistencia a los OGMs en Bolivia también tiene propuestas, promovemos la agroecología y la agricultura familiar campesina que proporciona el alimento bueno, justo y limpio, a partir de semillas nativas, relacionamos a productores y consumidores en circuitos cortos como la feria Ecotambo de La Paz, en este ciclo agrícola organizamos un viaje al área rural de La Paz, para cosechar del maíz en la comunidad campesina de Huayanka, estableciendo relaciones fraternas con las comunidades del alimento.

La defensa del alimento bueno justo y limpio implica rechazar los alimentos transgénicos, por eso la presencia de Slow Food en Bolivia se suma a la visión de un país libre de transgénicos y pone su compromiso en las acciones necesarias para alcanzarlo.

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