El Olivo nos trae una vez más Paz y Solidaridad

20 May 2016

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Históricamente una oliva podría ser el más simbólico de los alimentos. Desde la antigüedad, y en todas las culturas, un ramo de olivo ha expresado un valor de paz y de victoria. Acontecimientos mitológicos e historias milagrosas confirman estas creencias. Pero a partir de lo experimentado personalmente en Slow Olive, no es casual que el olivo se halle emparentado con la paz y la revolución.

Slow Olive ha nacido como cita totalmente nueva en el seno del consejo bienal de Slow Food, y la edición de 2016 se ha desarrollado en la isla de Cunda, Turquía, del 14 al 17 de abril. El evento de cuatro días atrajo hasta la espléndida isla de Cunda, Turquía, a una comunidad internacional dispuesta a debatir sobre los olivos desde todos los posibles puntos de vista y crear una conciencia renovada. Cunda, la mayor de las islas del archipielago Ayvalik en el mar Egeo, compone, con su fascinante paisaje de olivos, el ambiente perfecto para el evento.

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Desde tan excelente puesto de observación, el panorama de cada una de las pequeñas islas del archipiélago nos brinda un amplio espectro de tonalidades verdes y nos descubre los secretos de esa fértil tierra que los sustenta. La cultura alimentaria local se beneficia de una gran influencia de los griegos que habitaron la zona desde el intercambio de población entre Grecia y Turquía en 1923. Se trata de una cocina bastante modesta, a menudo con base en hierbas locales, habas, pescado fresco y, en generosa cantidad, aceite de oliva.

Organizada por Slow Food Turquía, los delegados procedentes de Italia, Marruecos, Túnez, España, Alemania y Palestina, participaron en los debates activamente. A lo largo de todo el evento se pudo constatar que el tema de los olivos era, a su vez, un medio para la discusión de problemas globales como la pérdida de biodiversidad, el aceite de oliva contaminado o la confusa terminología de las etiquetas de los aceites. En principio, uno de los temas principales era la necesidad de instruir a los consumidores sobre cómo interpretar la información de las etiquetas y cómo reconocer un producto de alta calidad, asunto que, además de ser muy informativo para los no expertos, expandió un sentimiento de empatía y vínculo entre los participantes. Quienes, de vuelta ya en su país, hablaron acerca de algún determinado problema, destacaron las emociones compartidas y los intentos de resolver los posibles defectos en su conjunto. El evento se aceleró al surgir para su discusión preocupaciones más profundas: en la tercera jornada de debates se ahondó sobre los grandes temas que son el cambio climático, el acaparamiento de terrenos, la soberanía alimentaria en Palestina y el desastre minero de Soma, en Turquía. Cada uno de los discursos abordaba esmeradamente temas básicos, muchos de los cuales han sido omitidos en los países mencionados. Slow Olive adoptó este enfoque a propósito para mostrar que el tema de los olivos es un enlace y un camino para discutir otros asuntos esenciales.

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Como alguien que cuenta ya con alguna experiencia en otros eventos de Slow Food como Slow Fish y Slow Cheese, yo esperaba un desarrollo similar a las muestras en las que uno puede pasear entre stands para adquirir productos excepcionales y participar en degustaciones de productos artesanales. Slow Olive, sin embargo, se inclinó positivamente por abordar los problemas más difíciles de resolver con la ayuda de testigos de primera mano y comprometidos activistas, y allí se hizo evidente que no sólo se trataba del aceite de oliva, sino de que los temas alimentarios han de ser tratados de manera más integral y no sólo como “producto”, y se nos ofreció un despliegue de incidentes en los que los olivos han resultado seriamente afectados. Por ejemplo, el olivo parece ser el símbolo de combate del regimen de ocupación israelí destruyendo miles de ellos en Palestina; tampoco se puede dejar en el olvido lo ocurrido en el distrito turco de Soma, donde se talaron seis mil olivos para la construcción de una central eléctrica. Los olivos son principio de un producto gastronómico significativo, pero están también vinculados con importantes temas económicos, políticos y medioambientales que requieren reflexión y movimiento.

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Durante todo el evento nacieron amistades y proyectos importantes, a fin de ayudar a resolver problemas pertinentes, incluidos los graves defectos en el sistema alimentario. Pero lo más importante de todo fue el regreso a nuestros países con un sentimiento de solidaridad y fortalecimiento: el gran éxito del evento. Antiguos escritos testimonian que el olivo, de una u otra manera, fue símbolo de la paz y la armonía entre las personas. Durante Slow Olive me quedó claro que la metáfora de la rama de olivo no permanecía limitada a civilizaciones del pasado.

 

Buket Soyyilmaz

Buket was born and raised in Istanbul, Turkey. After high school, she moved to Pollenzo, Italy and completed a bachelor degree at the University of Gastronomic Sciences. Her passion for food has led her to work in restaurants abroad and to research and write about food cultures. She plans to keep writing and eventually open her own food business.

 

photos: Slow Food Turkey and Buket Soyyilmaz

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