Agricultura y soberanía alimentaria desde la perspectiva de un isleño

25 Sep 2020

Ante los ojos de muchos, nacer y crecer en una bella isla es sinónimo de simplicidad y tranquila. Pero, ¿qué tan fácil será vivir y crecer en un territorio aislado para los jóvenes isleños de Providencia y Santa Catalina? Alguna vez, Roylie Eduardo Hawkins Hawkins fue joven y un líder reconocido de estas islas.

Hoy, con 43 años de edad, nos cuenta como ha sido vivir en este paraíso y porqué ha recurrido a la producción agrícola en los últimos meses.

Muchos recordamos a Roylie como un joven inquieto por generar ideas nuevas y revolucionarias para promover el desarrollo económico en las islas. En el tradicional colegio “Junín” de Providencia, se desempeñó como un personero entusiasta y apasionado por el trabajo juvenil. Hizo parte de las iniciativas que impulsaron la construcción de la primera casa de la juventud en Providencia y la creación de la organización juvenil Cage & Call, la cual buscaba salvaguardar a los jóvenes isleños de las garras de la prostitución y el alcoholismo. width=Gracias a su liderazgo y al trabajo realizado por la juventud en las islas, sin siquiera planearlo, a Roylie le llegó la oportunidad de viajar a la ciudad de Bogotá para iniciar sus estudios universitarios. Al finalizar su tecnología en Administración de Empresas, “con el corazón lleno y ansioso” y sabiendo que ya era un joven adulto y preparado para dar lo mejor de sí, decidió volver a casa. Sin embargo, “como un hielo que se derrite poco a poco bajo el sol, a medida que intentaba proponer ideas para un cambio positivo, muchos le insistieron que no era posible.”

Para Roylie fue más fácil generar cambios positivos en su comunidad cuando era joven, pero al convertirse en un adulto mayor de edad, las cosas se complicaron. Debía acceder a un empleo formal para sobrevivir, y ya no era fácil transmitir y ejecutar acciones transformadoras.

A raíz de esta situación de incertidumbre y necesidades básicas insatisfechas, este hombre con mentalidad joven e inquieta, decide reinventarse y pasar más tiempo en su huerto. Como todo empresario, Roylie habla de la agrícola en términos de productividad y rentabilidad. Inicia esta nueva aventura sembrando papaya, pero sabe que debe sembrar la suficiente para cosechar, consumir y vender unos excedentes que le permita mantenerse en el tiempo. Roylie insiste en no tener conocimientos previos en el cultivo de maíz, papaya o patilla, pero de alguna manera, su entorno familiar le aportó las herramientas necesarias para establecer un pequeño cultivo que le proveen de alimento, excedentes y satisfacción.

Aunque no lleva más de un año en esta actividad, ha sido suficiente para conocer de primera mano sobre las dificultades y desafíos que supone cultivar en las islas. Roylie nos cuenta que la escasez de agua en tiempos de sequia es un tema que le preocupa mucho, no contar con un sistema de riego duplica el esfuerzo laboral por diez, e insiste en la necesidad de contar con acompañamiento o asistencia técnica para asegurar una producción rentable. “El no conocer la vocación del suelo donde cultivas, no saber que nutrientes necesitas para cada cultivo, como y cuando aplicarlo,” son solo algunos de los inconvenientes presentados en este nuevo ejercicio de proveer bienestar para su familia.

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Image credit @Juan David Cortez Hernandez

Roylie empezó a cultivar por curiosidad y hoy día lo hace con una visión empresarial. Sin embargo, ante los ojos de sus jóvenes amigos, Roylie lo hace por gusto. Esta percepción existe porque los jóvenes isleños no creen que sea posible cultivar alimentos en las islas para generar un sustento. “Salir a pescar si puede generar ingresos económicos, pero cultivar la tierra no es tan fácil ni rentable para ellos.” Roylie tampoco cree que debería cultivar por gusto, el desea llegar a producir los excedentes necesarios para mejorar su economía familiar. Pero ¿En dónde queda la necesidad de los pueblos por una seguridad y soberanía alimentaria? En nuestra conversación estos conceptos parecieron poco relevantes ya que la agricultura en el imaginario de la mayoria es una actividad tradicional y económica que debe generar ingresos para satisfacer otras necesidades de consumo.

Educar a nuestras familias y jóvenes en la necesidad de tener una soberanía alimentaria es fundamental para generar bienestar. Visibilizar la importancia y la existencia de un sistema alimentario local que requiere fortalecerse es esencial. Ver la alimentación como un acto político más allá del simple comer, es urgente. De lo contrario, será difícil que nuestros jóvenes se involucren en la tarea de establecer y exigir las condiciones necesarias para alimentarnos y vivir sanamente, simple y tranquilamente.

Slow Food, a través de los proyectos “Empowering indigenous Youth” y “Slow Fish Caribe”, financiados respectivamente por el FIDA y la Union Europea, trabaja en Providencia y San Andrés para promover iniciativas de fortalecimiento de experiencias agricolas locales y de sensibilizacion de los jovenes sobre la importancia dle rescate de los conocimientos y productos del patrimonio alimentario local promoviendo asì la seguiridad y soberania alimentaria del territorio.

Texto: Marcela Ampudia Sjogreen – Comunidad Slow Food Fi Wi Old providence & Santa Catalina, Colombia

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Image credit @Juan David Cortez Hernandez

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