La generosidad de la naturaleza y el egoísmo del poder político de la elite en Chile: El conflicto por el agua

22 Jul 2020

Hoy en día para nadie es desconocida una de las crisis más emblemáticas que ha afectado por décadas a gran parte del territorio nacional, nos referimos al conflicto por el agua. Los embates de esta crisis se han visibilizado con mayor fuerza en zonas rurales como las provincias de Petorca, San Felipe, Los Andes, Quillota y Marga Marga de la Región de Valparaíso.

La situación se agudiza avanzando al norte, hacia nuestra región vecina Coquimbo. El conflicto de escasez hídrica tiene diversos orígenes, pero con un fundamento estructural evidente, un modelo de privatización y mercantilización del recurso, que ha agudizado el conflicto por el acceso, incompatibilidad de usos, y la falta de calidad y seguridad sobre el agua para los habitantes y sus territorios. Este modelo se encuentra legitimado desde la Constitución vigente y articulado mediante el Código de Aguas de 1981, ambas creaciones de la dictadura cívico-militar (1973-1989). width=Los principales enclaves de esta normativa se pueden sintetizar en los siguientes aspectos; consagra la entrega de la gestión y administración a los titulares de derechos de agua, usuarios y organizaciones, de forma desigual, no simétrica, entre los diferentes tipos de usuarios. Esta normativa mercantiliza la asignación de recursos hídricos, consagrando la libre transferencia de derechos de agua por separado de la propiedad de la tierra, derechos de agua que en parte fueron entregados precedentemente de manera gratuita y a perpetuidad.

A su vez, esta normativa genera dos categorías de derechos de aprovechamiento de agua: los derechos consuntivos (se refiere al derecho de consumo de aguas, sin que puedan reutilizarse superficialmente) y no consuntivos (aquellos que se solicitan para utilizar el agua sin consumirla, como es el caso de los proyectos hidroeléctricos). De esta forma, los derechos de agua se han trasvasado y entregado a los sectores productivos emblemáticos del país bajo el alero de una política económica extractivista, como la minería, el agronegocio, el sector energético y las sanitarias privadas. Es justamente en estos sectores donde está concentrado el mayor porcentaje de la propiedad de derechos de agua, lo que constituye a este recurso en un bien económico transable, vendible e hipotecable, es decir, el agua convertida en una mercancía, en desmedro del desarrollo de una economía de subsistencia y de una agricultura familiar campesina. width=

El diagnóstico es irrefutable. En Chile existen alrededor de 110 cuencas en donde los derechos de agua han sido sobre otorgados, es decir, se han entregado más derechos de agua que el agua efectivamente existente en ríos y aguas subterráneas.

Pese a que llevamos más de una década acumulando sequía, en lo que es un evidente y progresivo contexto de cambio climático que propicia escenarios inciertos, con un modelo privatizador de despojo y de acaparamiento del recurso hídrico de unos pocos en desmedro de la población, sumado a la actual normativa y gestión hídrica, el agotamiento del agua sigue su curso y todavía no se ven avances hacia una reforma profunda del régimen para su corrección y puesta en valor como recurso fundamental para la subsistencia de la vida.

En contraparte, la generosidad de la naturaleza y el inicio de este invierno a nuestra percepción más lluvioso, el respiro de sentir nuevamente la lluvia y observar cómo reverdece el paisaje y se humedece el suelo y los bosques, nos convoca a replantear nuestro nuevo ciclo de vida en el campo, persistir con nuestros oficios, aprender de los aciertos y desaciertos; nos permite visualizar una hermosa primavera y esperanzarnos con un nuevo rebrote de la vida social y política. Sin embargo, las soluciones no están a la vuelta de la esquina, los cambios profundos tienen relación con el escenario anteriormente planteado, seguimos en un contexto de años secos por debajo de la media de un año normal de lluvias y nos rigen las mismas normativas.  width=

Por tanto, nuestras preocupaciones no decaen y los horizontes de lucha política en torno al agua, la tierra y los territorios, que han enmarcado un conjunto de organizaciones y trabajadores del campo en torno al conflicto y la escasez del agua, apuntan a que el agua debe ser recuperado como un bien público, un derecho humano y no humano. Se debe recuperar y restablecer el derecho a saneamiento, no sólo en los sectores urbanos en donde siguen existiendo asentamientos irregulares y sectores altamente precarizados que no tienen totalmente sus servicios urbanos básicos, como el acceso al agua y saneamiento, sino con incluso mayor urgencia, atendida su profunda precarización, los sectores rurales y las diversas formas de vida y reproducción de la vida en el campo, en donde el agua es la fuente vital para sostener esas formas de vida.

Los impactos de la sequía en la agricultura campesina están dramáticamente expuestos a la vista de cualquiera: en la zona central y norte del país, entre valles, cordilleras y costa, desde el valle del Elquí, Limarí, Choapa en la región de Coquimbo, bajando hacia el sur por los valles del río Petorca, Ligua, Aconcagua y Maipo, configurados por los afluentes más representativos de estos territorios; ríos que dan vida a estos valles y que han sido fuertemente mermados, agotados, contaminados y despojados de su principal función, como es, dotar de agua a estos territorios de importantes tradiciones en la producción alimentaria de pequeña escala, el desarrollo de un agricultura de subsistencia, la mantención de la naturaleza y sus ecosistemas, valles que han sido sistemáticamente silenciados por una economía extractivista avasallante.

El sentido cultural y social de las formas de vida que queremos visibilizar y la relación entre agua, tierra y semillas que se quiere manifestar en este escrito, es a través de la mirada y experiencias de vida de campesinos y agricultores que siguen resistiendo con sus antiguas-nuevas formas de relacionarse con su entorno y la producción de alimentos naturales.

Testimonios de productores

“Nuestra relación con el agua, la tierra y el alimento que producimos”

1. Josué Gamaliel Torres Robledo,

“Me dedicó a la crianza de cabras, la producción de quedos y trabajamos en la huerta familiar. Estamos en la Zanjón de Quilitapia en la comuna de Combarbalá, provincia del Limarí, región de Coquimbo-Chile”

“La sequía para nosotros ha sido terrible. Se secaron los pozos, tuvimos que hacer unos nuevos y reinventarnos para seguir produciendo y mantenernos en el campo, no ha sido para nada fácil, mucha gente se fue de la zona, por lo mismo no había nada más que hacer… en caso mío dar la pelea hasta el último, con las cabras, algunos frutales y hortalizas en la huerta, ha sido muy difícil aguantar el peso de no tener agua. Por ejemplo en la crianza de cabras por el de altísimo costo de producción, por eso mis vecinos no tienen cabras, yo tengo leche, pero mis vecinos no, en estos momentos la pradera está muy inestable como llueve poco y no quieren correr el riesgo además del costo que significa mantener las cabras. En mi caso ese es el riesgo que he asumido he invertido lo que no he tenido con apoyo de muchos, y hemos logrado sacar una producción pequeña. A mí me gusta hacer cosas, dándole un toque propio y tomando las recetas antiguas de los quesos, cultivándole a las cabras con la poca agua que hay y utilizando un poco de agua de riego localizado subterráneo que son muy eficiente, van justo donde la planta necesita para crecer y sacarle el mayor provecho y sacar un mayor porcentaje forraje y mantener a las cabras.

En cuanto al cambio climático que estamos sufriendo, ha costado mucho aceptar que el clima ha ido cambiando, uno piensa y no cree mucho, pero esto es una realidad por que ya han pasado muchos años y la tendencia dice otra cosa, afirma lo que dicen los expertos, espero que regresen las lluvias para que vuelvan las cosas a la normalidad. Llevamos años esperando que llueva como corresponda y todavía no pasa nada, cada 3 o 4 años hay uno que sobrepasa las lluvias sirve para la temporada nada más, pero no pal resto de los años, antes lluvia todos los años y se iba reservando naturalmente agua para los veranos, cuando estábamos en la escuela nosotros nos íbamos a bañar al río Pama porque en el verano quedaba mucha agua corriendo en el río, con las aguas de la cordillera, ahora no se ve nada de nieve y a estas alturas del año ha caído poca nieve, esa es la reserva de agua para toda la zona y los vecinos.

Las lluvias que han caída ahora en mi sector han caído unos 90 o 100 m de agua, en un año normal son 200mm, hace muchos años que esa normalidad de lluvia caído cambiando a lo más 150mm. Para nosotros esta agua que ha caído estamos muy agradecidos, los dos años anteriores ha caído muy poco, por ejemplo el año pasado fueron 5mm y el anterior fueron 70, ha habido una acumulación reiterativa de muchos años de sequía, el déficit hídrico está cercano a los 1000 mm de agua, por eso la sequía es algo más profundo independiente de los 100 mm que ha caído esta temporada, eso para el pasto anda muy bien y se recuperen un poco los pozos, pero para recuperar la sequía del déficit estamos muy lejos de eso, para recuperar los manantiales que decía mi abuelo, ellos plantaban árboles y se regaban solos porque brotaba el agua del suelo.

Las represas que se usaban donde todos los vecinos hacían la represa y un día cada uno le toca regar, eso ya no existe, eso el déficit afecto toda esa organización, se perdieron todas las represas donde se regaba por tendido, ahora, así como se viene el año es una buena cantidad de agua, pero si pensamos que es la solución definitiva, no lo es porque la falta de agua es algo más profundo.

“Es relevante todo lo que ha pasado, más o menos desde el 94 en la zona empezó a notarse la sequía, el 97 callo harta agua alrededor del 600mm, lo que destaco como relevante es el aprecio de agua y de la tierra, hemos aprendido a valorar el agua, hemos estado aprendiendo a regar, antes cuando existían las represas existía harta agua, como habíamos vivido años anteriores pensamos que siempre iba hacer así, en la década de lso 80 había sido bien aguachente esta parte, por ejemplo cuando nos mandaban a regar no nos importaba perder una cantidad enorme de agua, se iba toda a la quebrada, no se le sacaba mayor provechos, pero en este momento si tuviéramos esa agua ahora estamos pensando muy distinto a lo que pensábamos en ese tiempo, ni siquiera pensábamos en el tema del riego ahora si porque están poca el agua hay que buscar la forma, buscar la mejor forma para sacar una buena producción, eso es lo que yo destaco como agricultor el aprecio del agua y de la tierra”  width=

2. Bélgica Navea:

“Soy apicultora y agricultora Agroecológica, de la comunidad agrícola de quebrada Honda, comuna de la Higuera, Región de Coquimbo. Nuestra comuna está al norte de la Serena y limita con la tercera región, hace 20 años que junto a mi esposo somos parte de esta comunidad agrícola.

Desde esa época nos dedicamos a la apicultura y paulatinamente fuimos incorporando, frutales, huertas y animales menores como gallinas y cabras, ya que las largas sequías nos han obligado a ir disminuyendo la producción apícola, dependemos en un 100% de las lluvias para mantener nuestras abejas.

Pese a que algo de lluvias han caído este año, aún es insuficiente, las napas de agua están muy por debajo de lo que en algún momento pudimos ver cuándo llegamos a esta comunidad.

En estos momentos vemos con algo de esperanza la posibilidad de alguna otra lluvia para poder lograr algo de producción de nuestras abejas y también con los animales. Nuestra región en general ha tenido muchos años de sequía, y aunque este año algo ha llovido, esto no será suficiente hasta que por varios años seguidos podamos recibir en forma periódica las tan ansiadas lluvias y los ríos, embalses y napas subterráneas puedan recuperarse.

Teniendo claro que las lluvias aún son insuficientes y que el cambio climático juega un papel muy importante en la falta de lluvias, creo firmemente que el estado de Chile debe ser capaz de asegurar el agua para la producción de alimentos y no dejar el agua en manos de la industria y de grandes empresas. Gran parte de la agricultura en Chile, está en manos de los pequeños agricultores y sin ninguna política de protección, está se hace cada vez más difícil y menos sustentable en el corto plazo”.

3. Evelyn Olguín

“Vivo en Los Yuyos, Colliguay en la quinta región. Tengo frutales, gallinas y vivero de plantas ornamentales y medicinales”.

Mi producción está muy afectada por la sequía más del 90 % de mis frutales se ha secado también por la falta de agua para beber tuve que reducir la crianza de gallinas. En toda mi localidad ha pasado lo mismo con los productores. Las precipitaciones que han caído hasta ahora solo permiten mantener lo que no se ha secado de frutales, pero no son suficientes para pensar que mejorará esto”. “De parte de las autoridades las medidas son mínimas de ayuda porque el agua lluvia que ha caído se podría almacenar en acopios por familia y así podríamos tenerla para regar nuestros frutales en verano”. La reducción del agua del estero también afecta, pero las personas ya no reclaman porque frente a este imperio que se puede hacer …dicen…”

4. Arturo Herrera

“Soy viñatero de la zona de Quilpué, valle Marga Marga de la región de Valparaíso-Chile”.

“Estos años de sequía tuvimos una baja considerable en nuestra producción, afectando al viñedo, perdiendo plantas aproximadamente en un 50% de las plantas que teníamos de parra, se secaron, eso hizo que nuestra producción bajara a un 50% de producción de uva. Sin embargo, cuando la uva estaba a punto de cosecharse en su estado de madurez, vienen los pajaritos y los conejos que terminan de comerse la uva que queda, porque tampoco ellos tienen alimento en el bosque”

“Las lluvias de este año, claro que son un respiro sirven para que nosotros podamos replantar la viña nuevamente, hacer los hoyos, poner plantas nuevas, en eso estamos recuperando el viñedo, pero el sólo hecho de pensar que toda esa agua acumulada en el subsuelo no es nuestra y no podemos acceder a ellas libremente, es desesperanzador”.

Julio 2020.

Por Carolina Alvarado Aspillaga y Débora Vega-Valdés

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