La carne es débil, pero la política continúa ignorándolo…

30 Nov 2016

En la segunda mitad del siglo XX el consumo global de carne se ha quintuplicado, pasando de los 45 millones de toneladas de carne consumidas en 1950, a los actuales 250 millones de toneladas. Según estimaciones de la FAO, este consumo está además destinado a duplicarse antes de 2050. Este dato, por sí mismo, nos permite comprender en qué forma una situación ya difícil de administrar devendrá completamente insostenible en poco más de treinta años. De hecho, si este consumo se duplica en verdad, no será una producción virtuosa la que satisfaga el creciente apetito mundial, sino las ganaderías intensivas origen de desastres ambientales, sufrimientos inaceptables para los animales, problemas cada vez más complejos para la salud humana.

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La carne y el calentamiento climático

La producción industrial y el consumo de carne son elementos centrales para la cuestión del calentamiento climático. Por este motivo, respecto del llamamiento de Marrakech redactado con ocasión de la COP22, Slow Food ha subrayado que se trata de dos aspectos a afrontar con urgencia si se quiere hacer algo en concreto por la salud de nuestro planeta. Un consumo de carne cada vez más elevado sería responsable del 14,5% de las emisiones de gas invernadero si se tiene en cuenta toda la cadena productiva, desde los cultivos de vegetales para piensos hasta el consumo final. A la emisión de gas invernadero hay que añadir otras consecuencias negativas para el ambiente: la contaminación del suelo y del agua a causa de los residuos y los deshechos de las ganaderías; la sobreexplotación de los recursos hídricos empleados para la cría de los animales, y la irrigación de los monocultivos intensivos destinados a la producción de piensos; la destrucción de hábitats y ecosistemas para crear nuevos pastos, campos y ganaderías.

El bienestar animal y la salud humana

La conexión entre bienestar animal y salud humana, por otra parte, se está manifestando de forma cada vez más clara. Hace muy pocos días un nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocse), daba a conocer cómo la resistencia a los antibióticos se halla en constante aumento en muchos países del mundo. Tal y como nosotros hemos indicado, una de las principales causas para explicar este fenómeno es el uso masivo de antibióticos en las ganaderías intensivas a fin de compensar las escasas condiciones higiénicas, hacinamiento y estrés que generan las numerosas enfermedades que afectan a los animales.

El planeta no está bien, los animales no están bien, los seres humanos no están bien, ¿ y qué hace la política?

Si, por un lado, es cada vez más evidente que tales fenómenos están profundamente vinculados entre ellos, y que la solución radica en un cambio brusco de dirección en el consumo –cuya cantidad ha de ser limitada- y en la producción –cuya calidad ha de ser mejorada-, por otro consideramos que la respuesta de los organismos políticos es absolutamente inadecuada, cuando no evidentemente dañina. Y nos preguntamos cómo es posible que en una tan importante cita dedicada al cambio climático como ha sido la del encuentro de Marrakech, la cuestión de la producción intensiva y del consumo de carne hayan podido ser completamente ignoradas. Y más aún, nos preguntamos cómo es posible que el Comisario Europeo, Phil Hogan, ignorando en apariencia todas estas premisas, se haya comprometido a invertir respecto del consumo de carne en la parte europea y del de la vaca europea respecto de los mercados exteriores. El 10 de noviembre, junto a numerosas otras organizaciones, enviamos a Phil Hogan una carta destacando todas nuestras preocupaciones. Confiados, esperamos una respuesta, pero en mayor medida desearíamos un cambio de estrategia en las inversiones europeas.

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En el asunto de la producción y el consumo de carne es hoy más que nunca necesario hacer algo a nivel individual y como organizaciones de la sociedad civil. Pero también lo es a nivel político: la campaña Slow Meat se ha creado para restablecer un equilibrio en el sistema de producción y en el consumo. Menos carne, pero de mejor calidad: esta es para nosotros la única solución.

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