Fortalecimiento de las capacidades y del trabajo en red de los guardianes de la diversidad en México

21 Jun 2024

En un mundo en el que el patrimonio cultural y la biodiversidad están cada vez más amenazados, la Red Slow Food de Pueblos Indígenas, gracias a la Fundación W.K. Kellogg, se ha mantenido firme en su compromiso de reforzar las capacidades de las comunidades indígenas para proteger su patrimonio alimentario. A través del proyecto Strengthening the Capacities and Networking of Guardians of Diversity in Mexico (Fortalecimiento de las capacidades y del trabajo en red de los guardianes de la diversidad en México), la red ha liderado iniciativas para fomentar la autodeterminación, el intercambio de conocimientos y la revitalización cultural entre las comunidades indígenas.

Tejer una red sólida

Bajo el paraguas del proyecto, los programas de formación dirigidos por líderes indígenas para jóvenes indígenas pretendían mejorar la soberanía alimentaria, la protección de la diversidad biológica y cultural y la autodeterminación de las comunidades. Con 288 participantes principalmente de México, sin estar limitados a este país, el compromiso de la Red Slow Food de Pueblos Indígenas con la inclusividad y la equidad de género resultó evidente, pues un 70% de participantes fueron mujeres y un 55%, jóvenes.

Entre los programas ofrecidos, cabe destacar un curso intensivo de formación impartido para proporcionar a los jóvenes técnicas de diseño de proyectos, con el objetivo de fomentar la autodeterminación y alejarse de los enfoques de implementación de proyectos desde arriba (top-down). El resultado fueron 24 iniciativas comunitarias diseñadas por jóvenes para promover la soberanía alimentaria. A continuación, los graduados presentaron sus propuestas de proyectos a la Red Slow Food de Pueblos Indígenas en México, y nueve de ellos fueron seleccionados para recibir financiación.

La empresa independiente que auditó los nueve proyectos seleccionados, PADES, encontró que las propuestas surgen de un problema real y específico identificado dentro de las comunidades donde se implementarían, fomentando, de diversas maneras, la preservación de su patrimonio biocultural y la soberanía alimentaria. Entre los logros identificados se encuentran: la creación de redes con organizaciones e instituciones, el fortalecimiento de la identidad indígena, el impacto positivo del proyecto en la vida personal de los jóvenes líderes y la producción de conocimiento horizontal, entre otros.

La participación fomentó la acción colectiva, la creación de redes y el reconocimiento del papel de las mujeres en la gestión de los recursos naturales y la biodiversidad, así como portadoras de ricos sistemas de conocimientos tradicionales. Los participantes crearon 13 nuevas Comunidades Slow Food para defender la diversidad alimentaria en sus comunidades en todo México. Se creó una plataforma entre todas las Comunidades Slow Food de Pueblos Indígenas en el país, donde los jóvenes representan a varios Estados mexicanos, cultivan movimientos de base, amplifican las voces de los pueblos indígenas y promueven la colaboración y la incidencia. Este esfuerzo ha dado lugar a una red más sólida, inclusiva y diversa.

Además, el proyecto ha dado resultados tangibles en la vida de los participantes. Desde la creación de redes hasta el fortalecimiento de la identidad de los indígenas, las iniciativas del proyecto han generado cambios positivos tanto a nivel individual como comunitario.

Revitalización cultural mediante la gestión del conocimiento, la promoción y el compromiso mundial

En el centro de la misión de la Red Slow Food de Pueblos Indígenas se encuentra el imperativo de proteger y promover la biodiversidad alimentaria, que se persigue a través de diversas iniciativas de gestión del conocimiento. Entre ellas está la creación de un manual para jóvenes indígenas sobre redacción de proyectos, que proporciona herramientas para abogar por un desarrollo autoimpulsado. Además, los esfuerzos de comunicación, ejemplificados por la campaña mundial Descoloniza tu Comida desempeñaron un papel fundamental en la concienciación sobre el patrimonio alimentario de los pueblos indígenas, destacando su importancia cultural y abordando los riesgos de pérdida o apropiación cultural. De hecho, generó impactos positivos a nivel local para los jóvenes activistas, como fue el caso de un joven panadero que, debido a la visibilidad que adquirió, pudo relacionarse con panaderos indígenas tradicionales, principalmente ancianos, ahora comprometidos con la protección de sus conocimientos tradicionales, poniendo en marcha una red local. Esta campaña, nacida en México, fue acogida por la Red global de Slow Food de Pueblos Indígenas ampliándose y extendiéndose a todos los continentes.

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Gracias al proyecto, la presentación de 52 nuevas candidaturas para la inclusión de productos en peligro en el Arca del Gusto supone un paso importante hacia la protección de los alimentos tradicionales durante generaciones.

El compromiso con la gestión del conocimiento, junto con los esfuerzos por reforzar las redes y salvaguardar los alimentos tradicionales, subraya la dedicación a la revitalización cultural y la promoción de la biodiversidad alimentaria. A través de estas iniciativas, la organización se mantiene firme en su misión de proteger el patrimonio alimentario de los pueblos indígenas, fortalecer las comunidades y allanar el camino hacia un futuro sostenible. Más allá de las comunidades locales, las acciones de incidencia se han extendido a las plataformas internacionales e incluyó el apoyo a la participación de los jóvenes en eventos de la ONU en Roma en 2023 y en Terra Madre en 2022, donde los activistas pudieron intercambiar buenas prácticas y ponerse en contacto con personas de ideas afines de todo el mundo.

Los esfuerzos del proyecto culminaron con la organización del evento Terra Madre Indígena: pueblos de Abya Yala. Este encuentro, celebrado del 6 al 10 de marzo de 2024 en Ciudad de México, sirvió como símbolo de unidad para los guardianes de la alimentación de todo Abya Yala (continente americano). El acto reunió a más de 100 representantes de distintas regiones y pueblos, como los aymaras, comachuén, diaguita, juruna, kichwa kañari, nahua, mapuche, maya y muchos más. Dirigido por la Organización Indígena Intercultural Timo’Patla y la Red Slow Food de Pueblos Indígenas, el evento de cinco días vio a delegados de la red internacional de Slow Food compartir conocimientos y experiencias, abogando por un sistema alimentario diferente al tiempo que descolonizaban sus prácticas alimentarias. Juntos lanzaron un poderoso mensaje al mundo, destacando el vínculo inseparable entre la justicia alimentaria, la justicia social y la protección del medio ambiente.

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Impacto en las comunidades locales: Chiapas en el foco

El proyecto continuó apoyando el trabajo con mujeres, hombres y jóvenes emprendedores de Chiapas comprometidos con la protección del sistema milpa a través del Baluarte Slow Food Sistema Milpa. Las comunidades se han autoorganizado para proteger variedades específicas de maíz y frijoles en peligro de extinción (esenciales para el sistema de la milpa), la cooperativa productora de tostadas está ahora fortalecida institucionalmente y dirigida por mujeres indígenas jóvenes, lo que garantiza la longevidad y sostenibilidad de los sistemas alimentarios locales. Estas comunidades participan ahora activamente en la Red Slow Food de Pueblos Indígenas en Chiapas, definiendo y organizando sus propios planes de acción.

Una evaluación externa puso de relieve el profundo y trascendental impacto de las iniciativas del proyecto en las comunidades locales. Este estudio puso de manifiesto que las actividades culturalmente apropiadas han revitalizado las prácticas tradicionales y los sistemas de conocimiento, promoviendo la conservación de la agrobiodiversidad y fomentando la resiliencia frente a los retos medioambientales.

Los resultados cuantitativos mostraron que el proyecto se centraba en las poblaciones vulnerables, y que aún no había repercutido en los ingresos de los hogares, pero sí había reducido significativamente los costes alimentarios y los gastos totales.

Un índice que evalúa la soberanía alimentaria destacó escenarios estables, pero identificó la necesidad de reforzar los aspectos de transformación y comercialización. Los resultados cualitativos destacaron la importancia de los intercambios de plantas y semillas para la soberanía alimentaria y la promoción del patrimonio biocultural local, reduciendo el gasto familiar en alimentos. Además, la facilitación de espacios de intercambio y formación contribuyó al reconocimiento del papel de la mujer y a la soberanía alimentaria de las comunidades participantes.

«El proyecto contribuye a la soberanía alimentaria» reza el informe final de la evaluación de PADES, la empresa que analizó los resultados del proyecto. «A través de la producción buena, limpia y justa y de espacios que permitan la formación de redes para la defensa de las semillas y sus formas de vida, constituyendo el bastión del sistema milpa como algo más que un mero proyecto productivo. El proyecto también ha fomentado las redes de colaboración, dejando una huella positiva en los grupos participantes. Están muy motivados por la continuidad de las actividades, como los intercambios de semillas y la formación, y sienten que ahora pueden mantener vínculos con agentes externos e internos de forma autónoma», afirma PADES.

Al reflexionar sobre el proyecto, es evidente que los esfuerzos de colaboración con la Fundación WK Kellogg han dado importantes resultados. A través del intercambio de conocimientos, la promoción y la revitalización cultural, la Red Slow Food de Pueblos Indígenas trabaja para garantizar que las voces de las comunidades indígenas de México y de otros países sean escuchadas y que su patrimonio alimentario sea celebrado y protegido para las generaciones venideras.

«El patrimonio biocultural de las comunidades indígenas y locales es un componente central para abordar la crisis socioambiental del planeta. Como equipo evaluador, creemos que Slow Food trabaja para cumplir su compromiso de mejorar las condiciones sociales, económicas y sanitarias de las comunidades que adoptan sus proyectos a través de actividades culturalmente apropiadas que promueven la soberanía alimentaria basada en la revalorización de los elementos bioculturales. Los resultados de nuestra evaluación de las actividades llevadas a cabo en México confirman el impacto de las actividades de Slow Food en la revalorización de prácticas y conocimientos relacionados con los sistemas de producción que promueven la conservación in situ de la agrobiodiversidad, estrechamente asociada, al tiempo que garantizan la adaptación gradual de la diversidad agrícola a condiciones climáticas adversas, mediante la promoción de la gestión diversificada del paisaje y el empoderamiento de los grupos participantes». "

- Mauricio López Barreto, Diana Castilo Lonza, Edith Pereyra de La Rosa, Iván Hernández Cuevas, Javier Becerril García de PADES SC -

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