Un mundo de maíz

07 Abr 2015

cornMuchos de ustedes habrán leído El dilema del omnívoro, el célebre libro de Michael Pollan que, casi como si se tratara de un investigación policial, nos ayuda a comprender la historia y el devenir de los alimentos que consumimos. El primer capítulo está dedicado a la alimentación industrial: a los monocultivos y a los productos que abarrotan los estantes de los supermercados. Una frase de este libro es la inspiración de la muestra de Slow Food “Descubre la biodiversidad”, que podrán ver quienes visiten nuestro espacio en la Expo 2015. La frase dice así: “Si es verdad que somos lo que comemos, entonces somos maíz”.

¿Y qué les vamos a contar nosotros con una gran instalación que reproduce un hombre gigante, enteramente compuesto de maíz? En primer lugar abordaremos una serie de cuestiones nada banales… ¿Con qué frecuencia comes maíz? ¿Dónde está todo el maíz que consumimos? ¿Cómo es qué nunca se encuentra señalado en la etiqueta? ¿Es bueno para la salud? Vayamos por orden…

La sociedad contemporánea basa gran parte de su dieta en el maíz. Allá donde vivamos lo consumimos varias veces al día, con frecuencia sin saberlo, sin darnos cuenta. No hablamos de la mazorca, ni del maíz en granos presente en la ensalada, sino del maíz que se transforma en otra cosa –por no decir en toda- y deviene materia prima de nuestros alimentos. El maíz se transforma en piensos con los que se nutren pollos, cerdos, pavos, corderos y aun salmones en los criaderos intensivos. Son maíz los filetes, como lo son los huevos y buena parte de la leche, queso y yogur…

Y son igualmente maíz la mayor parte de los alimentos envasados que produce la industria alimentaria. La lista es amplísima: bizcochos, meriendas, pudines, helados, cremas para untar, mantequilla de cacahuete, papas fritas, ketchup, hot-dog, platos preparados, dulces, barritas energéticas, chicles, mayonesas, confituras, salsas, jugos preparados, mezclas para pasteles, copos de cereales y muesli, frutas en almibar, yogures aromatizados, margarina, comida para bebés… Por no hablar de las bebidas gaseosas, la mayor parte de las cuales se edulcoran con sirope de fructosa producido con maíz (High-Fructose Corn Syrup)…

El maíz está omnipresente, y sin embargo es difícil rastrear su presencia. En las etiquetas alimentarias, en efecto, aparece con frecuencia con otros nombres: glucosa, sirope de glucosa, ácido ascórbico, ácido cítrico, malta, maltodextrinas, dextrinas, fructosa cristalizada, almidón modificado, sorbitol, lecitina, levadura en polvo, dextrosa, lisina, ácido láctico, maltosa, sacarosa, caramelo, goma xantana, azúcar invertido, monoglicéridos, glutamato monosódico.

Mas não vamos parar aqui. Questionaremos se todo esse milho faz bem à nossa saúde e quais as consequências ambientais do cultivo em larga escala de uma planta que consome quantidades extraordinárias de energia e recursos naturais. Tentaremos reconstruir uma história que começou há milhares de anos no México. Segundo o Popul Vuh (o livro dos Maias), a própria origem do homem se deve a essa planta. Uma história que originalmente falava de inúmeras variedades e de grãos de várias cores: não só amarelos, mas também vermelhos, negros, azuis e multicoloridos. No México e nos Andes, existem milhares de variedades de milho, com plantas diferentes (por altura, tipo de folha e flor) e espigas de diversas formas, tamanhos e cores. Essas variedades representam um patrimônio genético e cultural inestimável, mas a introdução de milhos híbridos e de milhos geneticamente modificados (nas últimas décadas) reduziu consideravelmente essa diversidade. O milho tornou-se o cultivo mais produzido do mundo, chegando a 974 milhões de toneladas em 2014. Atualmente, os Estados Unidos são o maior produtor mundial de milho, seguidos pela China e pelo Brasil.

Pues bien, en la Expo Slow Food tratará de contarles la historia de este cultivo, de hacerlos comprender con textos e imagenes cómo ha devenido omnipresente. Y manifestar que, en nuestra opinión, este no es el camino justo para nutrir el planeta, porque una producción a tan amplia escala no aporta beneficios a las familias rurales, no respeta el ambiente y es anónima desde el punto de vista del gusto. Para Slow Food los alimentos que nutren el planeta son completamente diferentes: son aquellos con alma, historia, vínculo profundo con el territorio. Y les invitamos a descubrirlos junto a nosotros, en nuestro espacio, en la muestra “Descubre la biodiversidad”, en la Expo 2015 desde el 1° de mayo hasta el 31 de octubre.

 

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