El glifosato, voces a favor y voces en contra

15 Feb 2016

SlowEurope_glyphosate

 

 

 

 

La primavera está ya al llegar al norte del ecuador y, como ocurre cada primavera, también nos trae a la mente el título de un libro: Primavera silenciosa, un texto fundamental publicado por Rachel Carson a principios de los años sesenta. En aquel libro, que le costó cuatro años de trabajo, Carson exploraba las conexiones ambientales y para la salud humana del uso de pesticidas en la agricultura. Entre estos últimos estaba en particular el DDT, producido por Monsanto y utilizado para combatir el mosquito anopheles, responsable de la difusión de la malaria. En un principio se creía que el DDT era inocuo para la salud humana, hasta el punto de que su inventor, el químico suizo Paul Hermann Müller, recibió en 1948 el premio Nobel de fisiología y medicina. Si se llegó a prohibir en Estados Unidos (en 1972), y después en otros lugares, fue aun gracias al libro de Carson, que tuvo el coraje de sostener sus opiniones y continuar sus investigaciones no obstante la violenta campaña lanzada por la industria química –Monsanto, Velsicol y American Cyanamid en cabeza–, apoyada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Hablar de este asunto tiene sentido aún hoy, cuando la historia, a semejanza de un disco rallado, parece repetirse aunque los nombres cambien, al menos en parte. Monsanto ya no produce el DDT, pero en el ámbito agrícola comercializa todavía el RoundUp, el herbicida total –es decir, no selectivo- más utilizado a escala mundial. En la “receta” del RoundUp aparece un componente, el glifosato, que desde 2001 –al caducar su patente de producción, que pertenecía a Monsanto- emplean también otras compañías. Y como ocurriera en un tiempo en el caso del DDT, hoy se ha levantado un apasionado debate sobre su pretendida inocuidad.

En marzo del pasado año la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificaba al glifosato entre los probables cancerígenos. La investigación ha obtenido resonancia, entre otras cosas, porque no es obra de un solo científico –como podía ser el caso de Rachel Carson en los años sesenta o, más recientemente, de Gilles-Éric Séralini, cuyas investigaciones han sido igualmente objeto de feroces críticas- sino de la máxima autoridad mundial en el campo de la investigación oncológica, que se ha valido de un grupo de trabajo compuesto por 17 expertos y ha sido reproducida por la autorizada revista The Lancet Oncology. La respuesta de Monsanto –que insiste sobre la seguridad del glifosato- no se ha hecho esperar, y otras agencias han corroborado la tesis de su inocuidad recientemente. Es, por ejemplo, el caso de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por las siglas en inglés), que en su evaluación no ha tenido en cuenta las conclusiones de la IARC.

Hasta aquí llega la historia, más o menos reciente. Pero existen algunos importantes actos, presentes y futuros, a tener en consideración.

El pasado 21 de enero los miembros de la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo han solicitado de la Comisión Europea el bloqueo de nuevas autorizaciones para la importación de tres tipos de soja genéticamente modificada, destinada esencialmente al consumo animal, expresando su preocupación por la resistencia al glifosato y por el proceso de autorización. Esta resolución fue votada en asamblea plenaria el 3 de febrero, cuando con más de 400 votos a favor el Parlamento reiteraba su oposición a los OGM. La Comisión Europea sigue accediendo a autorizar OGM que representan un peligro para la salud y para el medio ambiente, como ha destacado también la OMS; y aunque el Comisario Andriukatis se esconda tras la ausencia de datos suficientes para determinar la peligrosidad, la falta de certidumbre científica debería estimular justamente a la Comisión para prohibir su introducción, y no para alentar su difusión.

Del 20 al 30 de marzo tendrá lugar la Pesticide Action Week, una semana de movilizaciones, que este año se centrará sobre el impacto de los pesticidas para la salud humana y sobre la necesidad de hallar soluciones alternativas para una agricultura más respetuosa con el medio ambiente y menos peligrosa para nuestra salud.

El voto tan esperado de los expertos nacionales sobre la propuesta de la Comisión Europea de renovar la autorización del glifosato por 15 años no tuvo lugar ayer, como previsto, sino fue aplazado a nueva fecha aún por precisar. Hasta aquel momento el glifosato puede esperar. Y nosotros podemos concentrarnos en una producción de alimentos más sana para nuestro medioambiente y más respetuosa de nuestra salud.

La partida está abierta. El enfrentamiento, tal y como ha ocurrido en el tiempo, terminará por producirse entre quienes invocan el retorno de una agricultura limpia y las multinacionales de la química.

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