Dando forma al futuro, juntos

16 Jul 2022

 width=Sería muy fácil ser pesimistas en este momento. Los incendios que han devastado regiones enteras en Australia, California, Europa y Siberia aumentarán en un tercio para el 2050, nos advierte la ONU. Hay más de 40 zonas en conflicto activo en todo el mundo, afectando a dos mil millones de personas, la mitad de las cuales viven en pobreza extrema. Mientras algunas regiones del mundo se enfrentan a una mayor inseguridad alimentaria tras la guerra de Ucrania, son solo cuatro las empresas que controlan entre el 70% y el 90% del comercio mundial de cereales, dando paso a las dudas sobre si están divulgando información sobre su abastecimiento, lo que alimenta la incertidumbre del mercado. Por otro lado, la industria pesticida está planteando grandes retos en el camino hacia una mayor sostenibilidad, afirmando que alejarnos de la agricultura convencional aumentará el hambre en el mundo. Y la lista podría continuar.

Aun así, hay muchísimas personas que pasan desapercibidas en todo el mundo que trabajan a diario para sanar nuestro ecosistema, alimentar a las comunidades, fomentar la paz y alcanzar sus ambiciosos objetivos a todos los niveles. Los jóvenes se han movilizado en todo el mundo y han hecho que la crisis climática forme parte del debate público de manera más intensa. Con un alcance cada vez mayor en las regiones, se estima que actualmente hay más de 3 millones de programas de agricultura sostenidos por la comunidad en marcha en todo el mundo.

Las comunidades indígenas y locales luchan constantemente para defender sus tierras de explotaciones agresivas, aunque esto signifique poner en riesgo sus vidas. Cada vez se reconoce más que la agroecología —que cientos de millones de agricultores practican en todo el mundo— puede hacer una enorme contribución para abordar los desafíos climáticos, ambientales, económicos, sociales y de biodiversidad a los que nos enfrentamos, así como a algunos incumplimientos que hay en ciertas políticas y en algunas regiones. Esta lista también podría continuar.

Nos enfrentamos a tiempos turbulentos. En permanente tensión entre acontecimientos climáticos y los eventos políticos, y el incesante compromiso de mejorar el mundo. Esto debería empujarnos a actuar de manera incluso más efectiva, sin perder el tiempo, e inclinando la balanza a favor de una alimentación buena, limpia y justa para todos. Creo que, para entender mejor estas idas y venidas, nos ayuda pensar en una cita de Martin Luther King Jr.: «El arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia». El cambio requiere tiempo, pero siempre llega.

Como Slow Food, al contribuir de nuestras formas tan únicas para inclinar el arco del universo moral, contamos con las herramientas y la pasión para ser más efectivos que nunca, uniendo fuerzas con los aliados, acogiendo a aquellos que quieren unirse a nuestros esfuerzos, y canalizando estos esfuerzos deliberadamente para defender la diversidad biológica y cultural, inspirar y movilizar a los ciudadanos, e influenciar políticas en el sector público y privado.

He mencionado nuestras formas únicas de trabajar. A lo largo de diez años trabajando con Slow Food, el comparar nuestro trabajo con el de otras organizaciones colaboradoras en Europa, me ha ayudado a ver claramente qué es lo que nosotros aportamos que otras organizaciones no —aun siendo indispensable su trabajo.

Somos un movimiento global formado por personas muy apasionadas. Reunimos a todos aquellos que están involucrados en el sistema alimentario con la misma dignidad. Llevamos a cabo numerosas acciones creativas y de gran impacto en todo el mundo. Nuestras ideas tienen objetivos ambiciosos, pero se basan en el trabajo diario y la experiencia de las comunidades locales, agricultores, pescadores, productores, cocineros y activistas. Nos atrevemos a denunciar lo que está mal pero siempre nos mantenemos positivos en nuestro diálogo con los demás. Y permítanme volver al movimiento de personas apasionadas: es esa pasión la que inyecta una dosis vital de esperanza, soluciones prácticas y acciones concretas.

Si nos paramos a pensar que todo comenzó con un pequeño grupo de amigos en un pequeño pueblo italiano hace más de 30 años, es increíble que Slow Food sea ahora un movimiento global presente en más de 160 países de todo el mundo. La energía y la pasión que lo hicieron posible sigue ahí. Si hemos recorrido tanto en este tiempo, imagina hasta donde podemos llegar en los próximos 30 años. Como una nueva junta, hemos compartido nuestra visión para los próximos años, aferrándonos al Llamado a la Acción (link), nuestro documento guía. En él, establecemos claramente que tus aportes dan forma al futuro.

Al adentrarnos en esta nueva fase de la historia de Slow Food, hemos de estar orgullosos de nuestro legado, ser humildes en cuanto a nuestros límites y no perder tiempo para luchar colectivamente por un alimento bueno, limpio y justo para todos.

 

Cambiar el mundo a través de la comida

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