Argentina: los Frutos silvestres del Gran Chaco

21 Ene 2021

El Baluarte Slow Food de los Frutos Silvestres del Gran Chaco ha nacido en 2014 en colaboración con la Fundación Gran Chaco y la Cooperativa de Mujeres Artesanas del Gran Chaco (Co.M.Ar.) para apoyar los esfuerzos de las mujeres indígenas Qom, Wichi, Qomle’ec y Pilagá en preservar y valorizar los frutos de los árboles silvestres de la región.

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© Marco Del Comune

En estos años el Baluarte se ha ocupado principalmente de la algarroba blanca (Prosopis alba), cuyos frutos son vainas oblongas desde las cuales se obtiene una harina que es un ingrediente importante para las comunidades locales por sus propiedades gastronómicas y nutricionales. En los dos años de proyecto se han realizado dos centros de producción de harina de algarroba gestionados por las mujeres de las comunidades cercanas, que permitieron aumentar la cantidad y la calidad de la harina producida. Paralelamente se han implementados procesos para el fortalecimiento institucional y el liderazgo de las mujeres del Baluarte, tanto con capacitaciones técnicas sobre recolección y procesamiento del producto, cuanto con actividades y eventos en el marco de la red Indigenous Terra Madre.

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Entrevista a Maria Marina Fernandez, Anselma Elvas, Elena Molina, Cecilia Larrea y Sandra Perez (productoras del Baluarte) realizada por Heva Anne Brunelle, de Fundación Gran Chaco.

¿Cómo era tu comunidad hace 10 o 20 años?

Hace 20 años no había planes sociales, los padres dependían de los recursos del monte para alimentar a su familia. Cuando empezaban las temporadas de recolección de los frutos, las mujeres con los chicos salíamos al monte para juntar y comer los frutos ricos, que tanto nos gustan. La alimentación se basaba en la pesca, la caza, la recolección de los frutos silvestres y de la miel y en las chacras. Éramos felices y teníamos mucha fuerza.

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Haga clic en la imagen para leer la publicación titulada «Los frutos silvestres del Gran Chaco y sus usos tradicionales indígenas según las mujeres Wichí, Pilagá y Qomle’ec»

¿Una anécdota divertida durante una actividad del proyecto?

Un día fuimos un grupito a explorar una zona de algarrobales que había sido inundada para ver si los arboles estaban dando todavía chauchas de algarroba y a mapear también el área que es parte de nuestro trabajo. Nos fuimos con la intención de cosechar y comer chauchas pero solo encontramos árboles bien secos. Estábamos tristes y a punto de volvernos cuando encontramos varios palos con panales de miel riquísima. Nos consolamos comiendo la miel y confirmando que la naturaleza siempre nos deja sorpresas.

¿Cuál es el cambio o los cambios más importantes para la comunidad que ha traído este proyecto?

Que los jóvenes hayan vuelto a interesarse y a valorizar los frutos del monte. El proyecto generó una estrategia de valorización de los saberes y se empezó un trabajo de desarrollo de las actividades económicas tradicionales para la comercialización. Favoreció el intercambio de saberes dentro de los pueblos indígenas sobre la variedad de especies de valor alimenticio de la región del Gran Chaco, las técnicas de recolección, elaboración y conservación.

¿Cuál es la actividad que más representó este proceso?

No hay una sola, se podría decir la mejora de todo el proceso de transformación de la chaucha en harina de algarroba en el centro de producción “Lote 8”. También las salidas al monte para el mapeo de los frutos, los talleres de intercambios y el armado del manual. Fueron importantes también los viajes para conocer otros lugares y otras culturas.

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© Marco Del Comune

¿Como crees que la comunidad seguirá de ahora en adelante?

Eso depende mucho de cada familia: en las familias donde los padres siguen transmitiendo a sus niños los conocimientos y los saberes, la gente va a estar mejor y el trabajo que se viene haciendo con los proyectos va a dar fruto. En las otras familias donde los padres se olvidan y deciden hacerse dependientes de las ayudas económicas del gobierno, su modo de vida no va a cambiar mucho.

¿Ha impactado el Covid-19 las actividades de este Proyecto, y como se han organizado para responder?

Sí. No podíamos salir de la casa, ir al monte y organizar reuniones y/o capacitaciones. No pudimos viajar a encuentros. Hemos empezados a reunirnos por vía de videollamadas y por Facebook. Pudimos organizar la cosecha de las chauchas de algarroba de esa forma, de hecho, entidades aliadas como por ejemplo el Inti (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) nos están capacitando a distancia para la nueva producción de harina. Nos permitió independizarnos de los técnicos que venían a ayudar en la planta de transformación de harina y ahora estamos haciendo todo el proceso solas.

¿Cómo te sientes dentro de la red Slow Food? ¿Qué te gustaría que hagamos juntos en el futuro?

Seguir trabajando en dar importancia y nuevo uso a los frutos. Incluir en las escuelas locales charlas sobre la alimentación tradicional para sensibilizar a los niños y promover sistema alimentares locales sustentables.
Desarrollar más las actividades económicas tradicionales, únicas alternativas a la reducción de los efectos del cambio climático y a la generación de oportunidades de trabajo en la región.

¿Cómo te imaginas tu comunidad dentro de 10 años?

Esperamos que la gente no se vaya olvidando de su identidad y su relación con la naturaleza. Muchas cosas de nuestro cotidiano ya mejoraron comparado a la época de nuestros abuelos: ¡es todo es un proceso!
Creemos que van a surgir oportunidades nuevas y que los jóvenes van a volver a interesarse de nuestras actividades productivas.

Haga clic aquí para leer la publicación titulada «Los frutos silvestres del Gran Chaco y sus usos tradicionales indígenas según las mujeres Wichí, Pilagá y Qomle’ec»

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