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Frode Stroenen

Pescado local para los mercados locales

Norway | Hardanger Fjord | Norges Vel

Los antepasados de Frode Stroenen eran campesinos y pescadores, y él mismo pescaba aun antes de haber aprendido a hablar. Creció en una pequeña isla cercana a la ciudad de Bergen, en el sur de Noruega, y logró pescar arenques con trasmallo por vez primera a la edad de 14 años; un rito de paso tradicional que aún hoy siguen muchos jóvenes de la región.


La pesca es actualmente la profesión de Stroenen, pero durante algunos años realizó una pausa para contribuir a la organización de elecciones democráticas en países salidos de una crisis como Camboya, Bosnia Herzegovina y Kosovo. Durante este periodo se encontró cara a cara con numerosos problemas ambientales y devino un activista, particularmente interesado en el debate sobre la cría de salmones, de la que es hoy un notable experto en materia de pérdidas de carnaza de los cultivos ícticos.


Pero Stroenen no permaneció mucho tiempo alejado de la pesca. Regresó a Noruega y a sus trasmallos, con los que pesca arenques en las Lofoten, a la pesca con traína de caballas en el Mar del Norte y a su sjark, un pequeño barco tradicional. La mayor parte de su pescado estaba destinada a un revendedor local.
Hoy Frode es pescador part-time en el Hardangerfjord, un largo y espléndido fiordo que acoge el 8% de la producción de salmón de cría noruego, y dedica el resto de su tiempo a la política con el partido de los verdes. Sostiene con pasión la mejora del uso de los recursos ícticos locales y la recuperación de los mercados locales para estos productos. "Hay peces deliciosos que nadan en el mar poco más allá de nuestra casa, pero no sabemos utilizar este don para favorecer a las economías locales, tal y como está haciendo la comunidad de los campesinos", explica.


Cuando el mercado local dio la espalda al pescado autóctono y comenzaron los problemas de suministro, el interés de Stroenen por la ecología, la pesca, la política y la equidad social lo impulsaron a fundar una cooperativa denominada Fiskfråfjorden (pescado del fiordo). La cooperativa agrupa a los últimos pescadores de pez salvaje del fiordo junto a otros miembros de la comunidad a fin de trabajar unidos y así aumentar el valor de los recursos locales.

 

"La gente se merece pescado fresco proveniente de zonas de captura vecinas!, afirma Stroenen, inspirado por el modo en que los consumidores buscan los productos de las granjas agrícolas locales. "El problema de la distancia que recorren los alimentos es un argumento hasta ahora del todo ausente en el debate sobre la pesca, y esto ha causado la gradual desaparición de pequeños pescadores y la degradación de los ecosistemas, sobre todo en los fiordos, debido por ejemplo a la contaminación y a la pérdida de carnada. Promover el consumo local y la gestión de los recursos puede ejercer un enorme impacto para las comunidades".

 

Un buen punto de partida


Junto a los representantes de diversos municipios de las cercanías del Hardangerfjord, Stroenen solicitó de la Royal Norwegian Society for Development (Norges Vel) evaluar la posibilidad de crear un comercio de productos ícticos con un pequeño restaurante anexo para la venta del pescado local. "Hemos estudiado toda la cadena de la puesta en valor y discutido el suministro de los materiales, la logística y el potencial económico de la iniciativa", explica Marie Melhagen, directora del proyecto y asesora senior de Norges Vel.


Para realizar el proyecto había que establecer una relación laboral con una sociedad receptora (la ley noruega impone que todo el pescado ha de ser entregado a una sociedad que pese y valore los productos y proporcione las estadísticas con fines de investigación y administración). También se necesitaba generar el interés local y atraer a socios suficientes para financiar la iniciativa. Finalmente, hacia falta una ubicación apta.


"El proyecto partía de una visión realista, aspecto fundamental para actores externos como bancos, potenciales socios de la cooperativa y otras figuras de importancia en la fase de inicio", explica Stroenen.

 

Nace una cooperativa


"Registramos Fiskfråfjorden formalmente como cooperativa en 2011 e invitamos a pescadores, dependientes futuros, consumidores y otros miembros de la comunidad a devenir accionistas. El primer objetivo de la cooperativa consiste en crear un comercio con un pequeño restaurante. Si esta primera fase llega a buen puerto, los recursos ícticos locales estarán disponibles de nuevo para las comunidades locales y para los turistas, y contribuiríamos a la renovación más amplia de nuestro sistema alimentario", dice Stroenen.


El primer paso concreto de la cooperativa fue la organización de un sistema de recogida para la entrega del pescado de los 12 pesqueros participantes en la sociedad receptora, situada a más de 100 km de distancia, fuera del fiordo. Se estima que en 2012 el servicio transportará cerca de 200 toneladas de pescado, y que la mayor parte acabará en los restaurantes y en los supermercados de Bergen. "A veces el mayorista nos espera en el centro de recepción de mercancías. La actual logística de distribución del pescado impide a los pescadores hacer llegar el pescado de forma más rápida a los amantes locales de los productos ícticos", expresa de nuevo Stroenen.


Las buenas ideas se difunden


Es la primera vez que en Noruega se proyecta un plan de distribución local tan completo, según las informaciones de Stroenen. La idea de crear un valor local para la pesca es, naturalmente, replicable en cualquier otro lugar, y el equipo está dispuesto a ayudar a otras regiones interesadas y a compartir sus experiencias.


Cuidar a la naturaleza


Stroenen está convencido de que tenemos que recuperar la capacidad de cuidar del ambiente que nos rodea: "He visto costas, fiordos y montañas desde Zanzíbar hasta Montenegro y el Nepal. Pero el fiordo de Hardanger, en continua evolución, jamás deja de fascinarme. Sus transformaciones son increíbles: en invierno puede uno sentarse entre la nieve que cae, en silencio, y el mundo se reduce a un pequeño círculo en torno a ti. Un día después una tempestad puede transformar a todo el fiordo en un lugar peligroso que resuena con el fragor de los elementos. En primavera los botones de diatomea colorean todo el fiordo de blanco, mientras que el verano trae consigo una paz mágica y jornadas de sol con las montañas centelleando en el horizonte. Esta capacidad de observar, sentir y vivir a diario la belleza de los lugares que nos rodean debe ser transmitida a las generaciones futuras. De otra forma el fiordo no nos importará lo bastante como para lograr preservarlo".


Casado desde hace más de 30 años, Stroenen ama la lectura y visitar Italia, de la que aprecia el vino, la buena comida, el helado y el café, además de la arquitectura, el arte, el sonido de la lengua y la bulliciosa vida de calle.


Haz clic aquí para visitar el sitio Web de la cooperativa.

 

 

 



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