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Kim Ley Cooper

De las langostas hacia nuevos paradigmas

Mexico | Quintana Roo

En la costa Mexicana de Quintana Roo se hallan las Reservas de la Biosfera de Sian Ka'an y de Banco Chinchorro.
Sian Ka'an significa en maya "regalo del cielo". Esta reserva fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1987 y abarca 23 yacimientos arqueológicos de la civilización maya. El nombre de esta zona protegida no es casualidad, si se tiene en cuenta que en su interior se halla una gran combinación de ecosistemas complejos que incluyen bosque, manglares, dunas costeras y barreras coralinas.

Banco Chinchorro es un atolón coralino que se halla en el mar a 30,8 km de la costa de Mahahual y está separado de la costa por un canal submarino de mil metros de profundidad.

 

Ambas reservas tienen algo en común: la pesca de langosta.

 

Los pescadores, junto con la ONG Colectividad Razonatura AC, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), CONABIO, COBI y otras agencias de Gobierno y ONG´s, trabajan con el objetivo compartido de dar a la langosta un valor agregado desde el punto de vista comercial por un lado, resaltando su procedencia de zonas marinas protegidas y, por el otro, subrayando el uso de prácticas de pesca sostenibles que promueven la conservación del medio ambiente y de la especie. Ambas reservas suman seis cooperativas de pescadores unidas en la Integradora de Pescadores de Quintana Roo.

 

Kim Ley Cooper, biólogo marino, director de Colectividad Razonatura, trabaja con las cooperativas de pescadores de la zona.

 

"La asociación se compromete en dos direcciones: por un lado promueve prácticas de pesca sostenible y por el otro, garantiza un mejor precio de venta de su pescado", nos aclara.

 

Además de realizar valoraciones científicas y estudiar proyectos para zonas determinadas de pesca de ambas reservas, Razonatura aconseja sobre la gestión del ecosistema y ayuda a los pescadores que adoptan técnicas de pesca sostenibles a encontrar un mercado de venta directa que les permita evitar los diversos intermediarios, en busca de un comercio más justo.

 

La langosta del Caribe (Panulirus argus) es uno de los recursos biológicos más importantes en el sistema coralino mesoamericano. Entre los recursos ícticos, esta especie es la que tiene mayor valor de mercado. Por su abundancia y su amplia distribución es la principal fuente de ingresos para un gran número de pescadores.

 

Las seis cooperativas agrupan un total de 300 familias que han recibido concesiones para pescar en estas áreas marinas protegidas. Los pescadores miembros han subdividido el área del fondo marino en campos langosteros donde cada pescador practica su pesca e introduce sus propias trampas (sombras langosteras), aquí conocidas como "casitas".

 

Los pescadores capturan las langostas zambulléndose en el agua hasta los 15-20 metros sin ningún equipo submarinista: pescan en apnea. Esto les permite respetar los límites de tamaño impuestos por la ley y elegir solo langostas cuya cola alcanza los 13,5 cm. Además, al bajar en apnea no alcanzan profundidades superiores a los 20 metros, permitiendo a la especie una zona franca donde resguardarse y reproducirse.

 

En este caso, el método de pesca artesanal ha permitido proteger durante decenios la población de langostas y conservar el ecosistema de la biosfera.

 

Los ejemplares adultos migran a zonas coralinas más profundas para madurar y reproducirse y alcanzan la edad de reproducción aproximadamente a los tres años, precisamente cuando llegan al tamaño mínimo legal para ser pescados.


El sistema de las "casitas" ha sustituido el gancho usado en el pasado y permite capturar vivas las langostas, lo cual tiene ventajas, tanto para devolver al mar los ejemplares inferiores al tamaño legal, como porque la venta del producto vivo permite obtener mejores precios.

 

"Es difícil convencer a los ancianos de que cambien las costumbres adquiridas a lo largo de su vida para que se conserve mejor la reserva y el mar. Los jóvenes son mucho más entusiastas con el proyecto de sostenibilidad, aunque evidentemente los ancianos tienen muchísima más experiencia a sus espaldas que los jóvenes", afirma Kim.

 

El protocolo que regula la pesca en estas zonas protegidas ha sido registrado en el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual, con la marca Chakay (que significa langosta en maya). Cada cooperativa asigna parte de su producción a la Integradora de Pescadores de Quintana Roo, que une a todas las cooperativas de la zona para la venta directa de las capturas. El proceso que ha llevado a esta marca colectiva ha sido promovido por Razonatura, una organización de la sociedad civil que trabaja de forma participativa con los pescadores, sin embargo todos los actores involucrados y agencias han sido clave, incluyendo instituciones internacionales (GEF-Programa de Naciones Unidas para el desarrollo) de gobierno nacionales, fundaciones públicas y privadas de conservación (Mar Fund Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza) filántorpos entre otros.

 

Esta marca representa una denominación geográfica ligada a la Reserva de la Biosfera Sian Ka'an y Banco Chinchorro: permite asociar el producto a las 300 familias de pescadores pertenecientes a dichas cooperativas y certifica que se trata de un producto silvestre, capturado con medios regulados y sostenibles.

 

El uso de la marca como identidad geográfica permite que consumidores, restauradores y chefs sepan que están sosteniendo la conservación de esta especie, ayudando a promover prácticas sostenibles y responsables dentro de zonas marinas y están permitiendo la regeneración de mares y océanos.

 

Únicamente se pueden llevar acciones concretas para la salvaguardia de los recursos naturales consumiendo variedades capturadas con prácticas sostenibles, ayudando así a los pescadores responsables y sumándose a la red de consumidores conscientes y atentos.

 

Además las cooperativas están implicadas en un proceso para que su trabajo y su producto sea certificado por el Marine Stewardship Council (MSC). El MSC certifica métodos de pesca sostenibles en diversas partes del mundo. En México solo la pesca de langosta realizada por las cooperativas de Baja California, al noreste del Pacífico, ha sido certificada por el MSC. Los pescadores, junto con la comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), Razonatura y COBI, han trabajado con el objetivo compartido de dar un valor agregado a la langosta desde el punto de vista comercial, resaltando por un lado su procedencia de áreas marinas protegidas y, por el otro, insistiendo en las prácticas de pesca sostenible que promueven la conservación del medio ambiente y de la especie.

 

"Teniendo en cuenta la dramática situación en la que se encuentran actualmente mares y océanos, creo que tenemos que actuar con un alto nivel de prudencia. Además, esta situación permite que emerjan nuevas ideas, nuevos conceptos y paradigmas que serán la base de un futuro próximo mejor", concluye Kim optimista.

 

Intervistamos a Kim Ley Cooper durante la edición del 201o de Terra Madre. Nos habla de la comunidad de pescadores con la que trabaja. 

 

 

 



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