La Biodiversidad

El término biodiversidad ha pasado a ser moneda de uso corriente después de su adopción en la Convención de Río de 1992.

 

Por diversidad biológica, o biodiversidad, se entienden todas las características naturales y las formas de vida presentes sobre la Tierra. La biodiversidad de nuestros días es el fruto de una evolución de millones de años, plasmada por los procesos naturales y, cada vez más, por la influencia humana. Es la trama de la vida de la que nosotros, seres humanos, somos parte integrante y de la que dependemos totalmente.

 

Generalmente, cuando se habla de diversidad biológica, se hace referencia a la gran variedad de plantas, animales y microorganismos que pueblan el planeta; pero la biodiversidad se extiende también a las diferencias genéticas internas en cada una de las especies: por ejemplo, aquellas que se verifican en las plantas cultivadas o en las razas de animales. Otro aspecto de la biodiversidad es la variedad de ecosistemas que caracterizan desiertos, forestas, zonas húmedas, montañas, lagos, ríos, océanos y paisajes agrícolas. En cada uno de los sistemas los seres vivientes, incluidos los humanos, forman un todo e interaccionan no sólo los unos con los otros, sino también respecto del aire, el agua y la tierra que los rodean.

 

Si la Tierra es el único lugar donde pueden vivir los seres humanos, es justo en virtud de la concatenación entre estas diversas formas de vida, que interaccionan entre ellas y con el ambiente. Sólo la biodiversidad hace posible nuestra existencia, gracias a la amplia ventaja de bienes y servicios que nos ofrece.

 

En la Cumbre de Río de Janeiro de 1992, nuestros representantes políticos se pusieron de acuerdo sobre una estrategia global para un desarrollo sostenible, es decir, capaz de responder a las necesidades naturales y dejar un mundo vital y próspero en herencia a las generaciones futuras.

 

Uno de los acuerdos clave de Río fue la Convención sobre la biodiversidad biológica. Con este pacto, aprobado por la gran mayoría de estados, los gobiernos se comprometen a mantener el equilibrio biológico planetario aun moviéndose hacia el crecimiento económico. La Convención fija tres objetivos principales: la tutela de la diversidad biológica, el uso sostenible de sus elementos y la compartición ecua de las ventajas resultantes de la explotación de los recursos.