«Mientras la gente quiera comer atún rojo, siempre encontrará alguno que vaya a pescárselo.»
Teniendo en cuenta la complejidad del problema, para Slow Food el mejor comportamiento por parte de un consumidor consiste en regresar al origen del alimento, en busca de su propio placer. Placer del gusto, que significa rastrear nuevas recetas y reencontrarse con gustos olvidados, o diversos, aquellos que el mercado global tiende a hacer desaparecer; pero significa también el placer del todo particular que nos regalan la conciencia y el respeto por aquello que comemos. Tratemos de encontrarnos con las comunidades de pescadores, con frecuencia menos lejanas de cuanto pensamos; recojamos información sobre las prácticas de pesca responsables, los recursos que guardan los arroyos, los ríos, los lagos y los mares; los ciclos de reproducción y migración de peces conocidos o menos conocidos; los estilos alimentarios de generaciones anteriores: cosas todas ellas que forman parte de nuestra historia y de nuestra identidad.
Y sólo inspirándonos en este modelo obtendremos el poder de cambiar las cosas. Un paso tras otro, sometiendo nuestra curiosidad y nuestro placer al servicio de alternativas responsables que nazcan del (re)descubrimiento de los recursos locales, contribuiremos a invertir la tendencia y a construir un futuro mejor, aunque, como en el caso de la carne, ello signifique comer menos pescado, o, como mínimo, menos peces “comerciales”.
Si estás decidido, aun si sólo deseas intentar emprender un nuevo rumbo, en esta sección hallarás algunos consejos que te ayudarán.