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La acuicultura


En el campo de la producción alimentaria, la acuicultura es el primer sector en el mundo en términos de crecimiento. Frecuentemente propuesto como el futuro de la industria íctica, NO es al día de hoy una solución a la sobrepesca.

Si bien en ciertas zonas algunas formas de acuicultura puedan constituir una fuente significativa de alimentos, éstas, sin embargo, deben ser desarrolladas de manera responsable. El rápido progreso de la acuicultura intensiva para las especies de alto valor comercial dirigidas a la exportación, como el salmón y las gambas, ha provocado ya una degradación espantosa del ambiente y el desplazamiento de muchas poblaciones de campesinos y pescadores locales, impedidos de continuar con su propia actividad.

 

Entre los principales problemas vinculados con la acuicultura se encuentran:

 

La destrucción de los ecosistemas

Los criaderos intensivos liberan en el ambiente natural del entorno cantidades enormes de desechos orgánicos (materias fecales) y aguas tóxicas. Todos los criaderos escoceses de salmón puestos juntos, por ejemplo, producen cada día ¡tantas deyecciones como los 600.000 habitantes de Edimburgo! En consecuencia, se puede originar un crecimiento acelerado y caótico de algas en las aguas, que a su vez pueden resultar mortales para ciertos animales marinos, e indirectamente representar un peligro para el hombre, que termina por comer moluscos contaminados. Cuando un ecosistema está demasiado comprometido para continuar albergando un criadero, éste, sencillamente, es trasladado a otra parte.

 

Es muy frecuente que los ecosistemas costeros sean literalmente destruidos para ser explotados con criaderos intensivos. Es el caso, por ejemplo, de las zonas artificiales creadas para la cría de gambas tropicales: se abaten los manglares, provocando la desaparición de todas las especies que allá se refugian (peces de todo tipo, incluidos algunos destinados al mercado, ostras, aves, etcétera), y se elimina una protección natural contra las tempestades y los maremotos. Se agota el agua dulce de los manantiales para reducir el nivel salino en las acuiculturas, y las comunidades costeras son constreñidas a emigrar para sobrevivir. Se calcula que ha desparecido ya cerca del 35% de los bosques de manglares, y que algunos países han perdido el 80% de ellos. Las actividades humanas que concurren a la destrucción de esta vegetación tropical son la acuicultura con un 52% (la cría de gambas en un 38% y la de peces en un 14%), la deforestación (26%) y la desviación de los cursos de agua dulce (11%).

 

La presión sobre las especies libres

 

Contrariamente a cuanto se podría imaginar, la acuicultura no disminuye la presión que se ejerce sobre las especies libres. Tal y como hoy se práctica, en muchos casos la aumenta directamente.

 

- En los criaderos intensivos existe tal concentración de animales que a los parásitos y las enfermedades les resulta fácil proliferar. Las especies que allí se crían, seleccionadas por su resistencia, superan estas calamidades con frecuencia gracias a un uso intensivo de antibióticos y vacunas, pero en el ambiente natural contiguo las especies locales, libres, se ven golpeadas de lleno. Un estudio reciente demostró que un solo criadero de salmones de la Colombia Británica (Canadá) genera en el medio ambiente una tasa de piojos de mar 33.000 veces superior a la tasa normal, provocando infecciones mortales en un rayo de 70 km.

 

- En muchos criaderos acuáticos, para nutrir la producción se utilizan cantidades enormes de “pescado forraje” y de harina y aceite de pescado. Gran parte de la acuicultura consiste en el engorde de peces carnívoros como el salmón y el atún. Desde el punto de vista comercial está claro que la operación resulta interesante, visto que el pescado de criadero alcanza precios mucho más elevados que aquellos peces que han servido para nutrirlos, no obstante también estos últimos (sardinas, caballas o anchoas) son comestibles para el hombre. Al final, en esta operación se utiliza mucha más carne de pescado que la que se produce, y la presión sobre las reservas de peces libres no disminuye. La acuicultura, vista desde esta perspectiva, no puede por tanto ser una alternativa a la pesca, sobre todo en los países en vías de desarrollo, donde muy pocas personas pueden permitirse productos como el salmón ahumado.  

 

- Los peces de cría son seleccionados en función de características no idóneas para sobrevivir en el ambiente natural. Una cierta cantidad de peces se escapa, no obstante, de los criaderos y ejerce después una presión sobre el ambiente natural. En algunas zonas los peces que han conseguido fugarse son ya más numerosos que sus “hermanos” libres, y contribuyen así a empobrecer el patrimonio genético, y agravan el peligro que amenaza a las especies autóctonas.

 

- Algunos centros de acuicultura aplican técnicas de ingeniería genética a las especies que crían (pescado genéticamente modificado), y la mayoría de las veces fuera de todo control. Es el caso de algunos criaderos de atún, salmón y tilapia genéticamente modificados. La investigación en este sector se halla en plena expansión en muchos países. Actúa ante todo sobre la aceleración de los ritmos de crecimiento, la esterilización, la resistencia al frío y a las enfermedades. Afecta a peces, moluscos, mariscos y otros organismos marinos como las algas. A día de hoy no existe información sobre las consecuencias de estas prácticas sobre la salud humana. Si se han estudiado, sin embargo, los efectos sobre el ambiente acuático: diversas organizaciones de defensa de los ecosistemas marinos evidencian que es imposible garantizar que estos peces no escapen y subrayan que su imprevista presencia en los ambientes naturales representa un potencial desastre. 

Otra cuestión es la introducción de especies no locales, que representa una amenaza para el ecosistema implicado y es siempre una fuente de problemas imprevistos para aquellos que la deciden. Seleccionados por su capacidad para reproducirse, para crecer velozmente, pero también para evolucionar en aguas de calidad mediocre, los peces genéticamente modificados y las especies no locales gozan de ventaja sobre los autóctonos: los fugitivos los amenazan devorando los ejemplares más jóvenes y entran directamente en competición por la comida y el habitat, propagando enfermedades y parásitos.

 

Un ataque a los derechos de las poblaciones locales 

 

La industrialización de la acuicultura parece plantear también algunos problemas en materia de respeto por los derechos del hombre.

Hace ya algunos años que causa una seria preocupación el impacto social de la cría de gambas, que ha gozado de un increíble boom tras la exponencial demanda mundial.

Según la Environmental Justice Foundation, esta industria es frecuentemente responsable de graves abusos, como son la incautación de tierras y el desplazamiento de poblaciones, la intimidación a veces violenta de los tradicionales usufructuarios de los recursos locales, el empleo de mano de obra infantil y la corrupción de funcionarios.

 

La acuicultura, una cuestión a no perder de vista…

 

Para una mayor información sobre los problemas vinculados con la acuicultura:

Greenpeace Aquaculture Report

Greenpeace Red Criteria

Monterey Bay Aquarium Seafood Watch

Monterey Bay Aquarium Aquaculture Fact Card

Video de Jean Michel Cousteau

Asia Solidarity Against Industrial Aquaculture


Para una mayor información sobre desarrollo sostenible de la pesca y de la acuicultura:

Collectif Pêche & Développement

UBC Fisheries Centre

Greenpeace Red Criterea Unsustainable Fisheries

FAO Fisheries and Aquaculture Department

Aquaculture Aquablog


Algunos ejemplos para entender mejor:

 

No todo es rosado en el camaron
Le cas des crevettes d'élevage semble bien être le meilleur cas d'école en matière d'aquaculture désastreuse à l'ère de la mondialisation......

 

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La manipulación genética en la cría intensiva de ostras: una cuestión ética.

La cría intensiva de ostras ha aumentado durante estos últimos años sensiblemente a fin de responder a las demandas del mercado; hasta el punto de que los investigadores han tratado de hacerlo mejor de lo que lo hace ya la naturaleza: en los años noventa del pasado siglo, en efecto, desarrollaron una nueva ostra, estéril, denominada "de las cuatro estaciones"

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