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Las técnicas de pesca destructiva y los descartes


Cuánto más disminuyen las reserva de pesca, tanto más extremas son las técnicas de pesca.

 

Cuando se habla de técnicas de pesca destructivas, se hace referencia a la devastación de los fondos marinos causada por la pesca de arrastre, los descartes, el empleo de venenos y explosivos y la pesca fantasma.

 

Para las técnicas universalmente reconocidas como destructivas no existe otra solución que la prohibición. Quien las utilice debe ser castigado con severidad. Las legislaciones nacionales han identificado y prohibido muchas de estas prácticas. Sin embargo, para las naves-industria que generan beneficios ingentes y los pequeños pescadores que deben hacer frente a la disminución de las reservas ícticas, la tentación de infringir la ley es muy fuerte.

 

Está claro que cuánto más grandes y más dotadas de medios potentes son las embarcaciones, más devastador es el impacto de las técnicas de pesca ilegales.

 

La pesca de arrastre

 

Una de las técnicas más dañinas es la pesca de arrastre, un método industrial basado en el uso de enormes redes lastradas con pesadas cargas y dotadas de unas piezas metálicas o de madera que rascan los fondos marinos, rastrillando (y rompiendo) todo aquello que encuentran a su paso, desde los peces hasta los corales centenarios.

 

Muchas especies, aun en vías de extinción, son capturadas sin razón alguna y después devueltas al mar, con frecuencia ya muertas. Estas pérdidas “colaterales” (bycatch) alcanzan en ciertos casos el 80% o incluso el 90% de lo pescado. Además, amplias superficies del fondo de los océanos, que constituyen el habitat donde los peces encuentran comida y protección, son aplastadas y destruidas. Las redes más grandes utilizadas en la pesca de arrastre, tienen una “boca” tan amplia como un campo de rugby, y dejan cicatrices marinas de más de 4 km de longitud. La heridas que provocan al ecosistema pueden ser permanentes. La pesca de arrastre, por otra parte, deja en suspensión sedimentos (a veces tóxicos) responsables de una turbidez del agua perjudicial para la vida. Este tipo de pesca anula las características naturales del ambiente, que en condiciones normales permiten a los animales marinos vivir, descansar, esconderse.

 

Frecuentemente utilizada por las naves industriales en las aguas de alta mar (libres), a veces reglamentada en las aguas territoriales, esta práctica, acusada de haber contribuido fuertemente a la sobrepesca, demuestra de manera clara la necesidad de una gestión global del sector.

 

Los ecosistemas de los grandes fondos marinos están caracterizados por una biodiversidad excepcional. Los estudios científicos de los últimos 25 años, han permitido identificar ambientes marinos riquísimos más allá de 400 metros y hasta 2.000 metros y más de profundidad. No obstante la casi total ausencia de luz, la fuerte presión y las corrientes debilísimas, en las aguas profundas se hallan numerosas especies. Estos peces, que viven en condiciones extremas, crecen de manera muy lenta, tienen una esperanza de vida bastante larga y una edad de reproducción tardía, y son particularmente vulnerables a las perturbaciones de su ambiente.

 

Los ecosistemas marinos en peligro no son sólo los de alta mar: la pesca de arrastre provoca igualmente graves daños sobre los montes submarinos y las escarpadas pendientes de la margen continental, en los límites de la plataforma.

 

La comunidad científica y muchas ONG solicitan una moratoria internacional para proteger a los fondos marinos de alta mar de la pesca de arrastre. En el estado actual, los esfuerzos de los gobiernos en este sentido son insignificantes.     


Los descartes (bycatch) 

 

Uno de los aspectos más importantes y escandalosos de la degradación de los océanos.

 

Se denominan descartes a todas las formas de vida marina capturadas de forma incidental. Son “descartes”, que incluyen los ejemplares de la especie buscada cuya talla no se ajusta, además de otras especies que no se comen o no tienen mercado, especies prohibidas o en peligro de extinción, como ciertas aves, las tortugas y los mamíferos marinos. Algunos peces son desechados únicamente porque el pesquero no posee la licencia para transportarlos a tierra, porque no hay espacio en la embarcación, o porque no son de la especie que el capitán ha decidido capturar. Todos ellos, y hablamos de MILLONES DE TONELADAS de pescado, son devueltos al mar, muertos o heridos. 

 

Un informe reciente del WWF estima que los descartes suponen el 40% del total del pescado, y precisa que en muchos casos se trata de ejemplares jóvenes. Es muy fácil comprender las dramáticas consecuencias sobre la capacidad de las especies de reproducirse y regenerar los stocks.

 

Más allá de la presión sobre las especies, se trata de un despilfarro monstruoso de comida, sea ésta para el consumo humano, sea para el de los predadores marinos.

 

Además, los especialistas subrayan que mientras las naves de pesca industriales descartan cada año MILLONES DE TONELADAS de peces no deseados, en la pesca artesanal se desecha muy poco

 

Venenos y explosivos

 

El empleo de venenos para matar o aturdir a los peces es una práctica muy difundida, en el mar y en las aguas dulces, incluidas las lagunas costeras y las barreras coralinas. La pesca con cianuro, por ejemplo, se practica desde los arrecifes diezmados y devastados de las Islas Filipinas –donde se calcula que se han vertido 65 toneladas de cianuro al año- hasta aquellos otros aislados al este de Indonesia y en otros países del Pacífico occidental. En muchos lugares el uso de venenos en la pesca es una técnica tradicional, pero los efectos negativos se han visto acentuados desde que las sustancias de origen vegetal han sido sustituidas por pesticidas químicos. Los venenos matan a todos los organismos del ecosistema, entre ellos los corales que forman las barreras.

 

También el uso de explosivos existe desde hace siglos y se halla en expansión. Las explosiones pueden producir cráteres muy grandes que devastan de los 10 a los 20 m2 de fondo marino. No acaban sólo con los peces buscados, sino también con la fauna y la flora circunstantes. En los arrecifes coralinos se requieren décadas para la reconstrucción de los habitats dañados. Los explosivos son fácilmente disponibles y baratos: con frecuencia proceden de la industria minera o de la construcción, y en muchas regiones se extraen de viejas municiones recuperadas de guerras del pasado o conflictos en curso. Los pescadores, por otra parte, los consiguen a través del tráfico de armas ilegal.

 

La pesca fantasma

 

Por pesca fantasma se entiende el abandono en el agua, generalmente accidental (aunque a veces voluntario), de redes y otros materiales que continúan capturando inútilmente peces, moluscos, y asimismo grandes mamíferos marinos, que mueren por agotamiento después de horas de lucha por regresar a la superficie para respirar. El problema de los equipos abandonados o perdidos se ve amplificado por la intensificación de las operaciones de pesca y la introducción de equipamientos producidos con materiales sintéticos resistentes.


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