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Slow Fish - Le poisson bon, propre et juste
 
 

El pescado de los otros


Mediante acuerdos comerciales que ignoran no sólo la tutela de la biodiversidad, sino asimismo los más elementales derechos de aquellos pueblos que secularmente han desarrollado una relación armoniosa con los recursos, algunos países sobreexplotan los recursos ícticos de otros. Los “acuerdos”, en general, se establecen entre Gobiernos de países dotados de una considerable flota industrial y Gobiernos de países pobres, como los del África Occidental, que disponen de aguas territoriales con mucha pesca. Tales prácticas son cuanto menos discutibles desde el punto de vista de los derechos humanos y de la seguridad alimentaria de los países más pobres.

 

¿Y no son estos tenidos en cuenta, a la luz de la resolución adoptada por el Consejo de los Derechos del Hombre de la ONU el 26 de marzo de 2009, sobre el derecho a la alimentación? ¿que insiste en el hecho de que todos los Estados deben poner en marcha alguna medida para que sus compromisos internacionales de orden político y económico, en particular los acuerdos comerciales, no tengan repercusiones negativas sobre el derecho a la alimentación de otros países?

 

Pues no obstante todo esto, este tipo de acuerdos se han multiplicado en diversas regiones del mundo a partir de los años noventa .

 

Según la Environmental Justice Foundation, la Unión Europea tiene en la actualidad acuerdos de pesca con quince países en vías de desarrollo (Cabo Verde, Comores, Costa de Marfil, Gabón, Guinea, Guinea-Bissau, Kiribati, Madagascar, Mauritania, Estados Federados de la Micronesia, Marruecos, Mozambique, São Tomé y Príncipe, Seychelles e Islas Salomón): estos países venden sus recursos ícticos “en exceso” a cambio de una compensación financiera (que va de 400.000 a 86.000.000 € al año por país).

 

Estos acuerdos son criticados con frecuencia, sobre todo porque no son transparentes y porque no existen controles sobre su aplicación. Hay enormes intereses económicos en juego y la corrupción no resulta extraña.

 

Habría que preguntarse qué beneficios extraen las poblaciones de países que por esta vía malvenden unas preciosas reservas de pescados ya gravemente afectadas por la sobrepesca.

 

Un reciente estudio de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (Osce), revela que en los países del África sahariana los acuerdos y el comercio internacional de pescado no tienen impacto alguno sobre los indicadores macroeconómicos (crecimiento del PIB y disminución de la pobreza), al no existir mecanismos que permitan redistribuir a las capas más pobres de la sociedad los beneficios económicos obtenidos a través de la exportación de pescado.

 

Si deseas saber más:

Environmental Justice Foundation

Massachusetts Institute of Technology

 

CAPE-CFFA


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