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Slow Fish - Le poisson bon, propre et juste
 
 

Bien criado


Si bien en ciertas zonas algunas formas de acuicultura pueden constituir una fuente significativa de alimento, éstas deben desarrollarse, sin embargo, de forma responsable.

Los criaderos intensivos tienen un impacto ambiental y social negativo con demasiada frecuencia: Destrucción de los ecosistemas, contaminación a causa de las deyecciones, manipulaciones genéticas, presión sobre las especies salvajes, introducción de especies no locales, uso intensivo de antibióticos y desinfectantes, resquebrajamiento de las comunidades locales, etcétera. 

Algunos ambientalistas ponen radicalmente en cuestión la cría de especies carnívoras (la gran mayoría con mucho), que necesitan enormes cantidades de peces para nutrirse. Según Greenpeace, para producir 1 kg de atún se necesitan al menos 20 kg de pescado salvaje, inmerso en la alimentación por vía directa o en forma de aceites o harinas.

Vista bajo esta perspectiva, la acuicultura, en lugar de disminuir la presión sobre las especies salvajes, la aumenta.

Al igual que la cría de pollos, cerdos o vacas, la de peces debe regresar a sistemas responsables, menos intensivos, respetuosos con los ecosistemas locales. La “revolución azul”, tal y como se denomina a veces el desarrollo de la acuicultura, debe devenir “verde”.

Hasta que no exista un sistema de certificación, queda en manos de los comerciantes y los restauradores garantizar el carácter responsable de los criaderos de los que se proveen. Los consumidores, por su parte, antes de la compra deberían informarse sobre la calidad de los productos de la icticultura.

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No todo es rosa en el país de las gambas
El caso de las gambas de criadero parece ser el ejemplo más explícito de acuicultura desastrosa en la época de la mundialización.

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La Acuicultura de los moluscos

La acuicultura de los moluscos es considerada como sostenible en general, dado que el hombre casi no interviene en su alimentación. No obstante, La FAO recomienda su cría en aguas no contaminadas, ya que los moluscos filtradores, como son los mejillones y las almejas, pueden ingerir algunas bacterias y biotoxinas y concentrarlas en los sistemas digestivos. Además, las instalaciones de icticultura intensiva pueden ejercer un impacto negativo sobre el ambiente costero, en particular sobre los predadores que lo habitan, mientras que la introducción de especies no locales puede plantear problemas ulteriores.

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