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Slow Fish - Le poisson bon, propre et juste
 
 

Local


Pocos sectores como el alimentario encarnan la era de la globalización de los intercambios, de las fronteras y de los límites suprimidos: cada día algo más allá; la era del siempre más y siempre más lejos. El supermercado, en particular, al ofrecer a precios bajos una abundancia y una variedad sin precedentes, nos impulsa a un hiperconsumo continuo y establece una distancia cada vez mayor entre nosotros y el contexto en que se ha producido aquello que nos guiña los ojos desde las estanterías. Ignoramos así los altos costes ocultos de un sistema alimentario que tritura cantidades enormes de petróleo y energía justo mientras nuestro planeta se agota.

 

Por lo que respecta a la pesca, la FAO estima que el sector consume 14 millones de toneladas de carburante, cifra que corresponde al 25% de la suma de negocios total del sector (datos de 2005). Un ejemplo que lo explica con claridad es el del pangasio, una especie criada en Vietnam, alimentada con harinas de pescado importadas de Perú y después exportada como “fresca” por vía aérea a 140 países. Los peces que en un tiempo se consumían localmente, hoy dan la vuelta al mundo antes de llegar a restaurantes y consumidores. Los productos del mar europeos o norteamericanos, son enviados para su fase de transformación a países donde la mano de obra es más barata, para después regresar o volver a partir para otros lares.

 

Por el contrario, si compramos pescado local y utilizamos las cadenas cortas, nos aseguramos productos más frescos, reducimos el impacto de los transportes sobre el ambiente (las denominadas food miles) y apoyamos la pesca artesanal más cercana a nosotros: la pesca donde más fácilmente podemos verificar el respeto por los ecosistemas y los recursos. Son pequeños gestos que, sin embargo, encierran un gran poder: refuerzan el espíritu de comunidad.

 

No olvidemos después que cuanto más lejano es el origen del pescado, mayores son las probabilidades de contrabando: gambas de criadero tailandesas despachadas como capturas de alta mar, filetes de limanda nórdica que se venden por platija, tiburón por pez espada o incluso atún, pangasio por bacalao, etcétera.

 

La misma definición de local, adornada en este caso de íctico, es menos clara que en la agricultura. De cualquier modo, nosotros tratamos de señalar aquellos cursos de agua, lagos y mares más cercanos a nuestra casa, aunque esto a veces signifique algunos centenares de kilómetros.

 

Recojamos información sobre los criaderos o los diferentes tipos de pesca que se practican en los ríos vecinos; sobre las cooperativas y los circuitos de distribución de los pescadores artesanales de nuestro país; sobre el origen indicado en la etiqueta. Las iniciativas en este sentido aumentan día a día aun en las grandes ciudades.


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