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Slow Fish - Le poisson bon, propre et juste
 

Slow Fish @ Terra Madre: La cadena de valor


07/12/12

Autora: Tanya Gervasi, periodista, licenciada en la Universidad de Estudios de Ciencias Gastronómicas (www.unisg.it)


A veces la crisis genera oportunidades inesperadas de cambio y de crecimiento. Eso es lo que ha sucedido con una pequeña comunidad de pescadores de Cape Cod en Massachusetts (EE.UU).

"Un día recibimos una llamada de un broker, amigo de la familia" cuenta Shannon Eldredge, pescadora y heredera de una larga tradición familiar. "Pensábamos que nos llamaba para comunicarnos el precio de la subasta del pescado de esos días. Pero no, llamó para decirnos que nuestro pescado no era suficiente para hacerle levantar de la silla. Así concluyó una colaboración que había durado 30 años. Estábamos desesperaos. No sabíamos dónde podríamos vender nuestro pescado hasta que decidimos que no lo necesitábamos, ni a él ni a las subastas. Empezamos a organizarnos de otra forma".

Tras ese episodio, la familia de Shannon invirtió seis meses en trabajar con las autoridades y los revendedores locales, así como con el Ministerio de Sanidad para obtener los permisos para vender directamente su pescado en el muelle.

Fueron los primeros en fundar una Community Supported Fishery (pesca apoyada por la comunidad, es decir, un grupo de compra solidario alrededor del pescado), en el que pescador y consumidor se conocen y establecen mecanismos para compartir el riesgo para adaptarse a las condiciones de la producción.

 

La cadena de compra tiene que trabajar para reconocer y respetar las necesidades del pescador y de los actores que forman parte de ella. En el ciclo del aprovisionamiento de la gran distribución no existe intercambio de información y no podrá existir mientras la finalidad sea la de colocar en el mercado el producto más barato. El problema es que la naturaleza no trabaja siguiendo el dictado del mercado. "No necesito mucho dinero, me encanta mi trabajo... lo único que quisiera es no tener que pagar para hacerlo", sentenció Beau Gillis, pescador canadiense. Pero lo que está sucediendo en Canadá no es un caso aislado, sucede tanto en Europa como en Sudamérica o en África: los pescadores reciben un precio por el producto inferior a los costes de producción cuando venden sus capturas a la gran distribución. El mercado no tiene en cuenta los costes, pero con la venta directa los pescadores son los que deciden.

 

La creación de lugares o zonas independientes de las grandes estructuras empresariales podría ser la solución para reducir la dependencia. En Ecuador, la población indígena ha abierto el Centro Martín Pecador que además de ser una tienda colectiva, también es un restaurante. El centro trabaja en colaboración con los artesanos, los pequeños productores y los pescadores para dialogar sobre cualquier tema: desde política a pesca, para informar mejor a las personas que vienen a comprar y a comer.

 

En general es nuestro sistema de alimentación el que ha creado esta separación entre los productores y los consumidores. Es más fácil confiar en las marcas que en las personas. El consumidor tiene que responsabilizarse de sus decisiones, pero no lo podrá hacer hasta que inicie un diálogo con quien produce el alimento que él consume. Es un proceso largo y difícil que el consumidor no puede emprender solo. Tiene que ser guiado y apoyado. Pero ¿por quién? Por todos los que trabajan en dicho campo: desde los pequeños productores a los intermediarios de cualquier tipo (gastrónomos, chefs, cadenas de distribución...). A todos ellos hay que exigir una contribución para permitir que estos dos mundos, hoy situados en los extremos de la cadena, vuelvan a ponerse en contacto.

 

 



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