El alimento es un bien extraordinario pero si se le priva de su valor espiritual, cultural e inmaterial solo es una mercancía más de consumo.
En un sistema alimentario cada vez más dominado de la lógica del mercado, se afirma la convicción de que el alimento deba estar disponible a bajo coste prescindiendo de su valor intrínseco.
Este modelo cultural, cuyo único criterio de referencia es el precio, ha desencadenado el boom de la industria agroalimentaria, capaz de suministrar grandes cantidades de alimento a buen precio en detrimento de pequeños agricultores cuya referencia es la calidad.
Es un sistema que ha finiquitado la relación entre el productor y el consumidor, con las siguientes consecuencias:
- Disminución del sentimiento de responsabilidad recíproca.
- Desaparición de un patrimonio fundamental de sabiduría.
- Imposibilidad para los consumidores para acceder a la información sobre la calidad del alimento.
Slow Food lucha por invertir la lógica de un sistema en el que el valor del alimento ha sido suplantado por el precio del alimento y lo hace apoyándose en estas ideas:
- Reconstruir la relación entre productor y consumidor.
- Devolver al alimento el valor que merece.
- Garantizar que el precio vuelva a reflejar el auténtico valor del producto.
En Slow Food estamos convencidos de que los consumidores pueden aprovechar su poder adquisitivo para incidir en los métodos de distribución y producción alimentaria.
Además, Slow Food cree que los consumidores deben mostrar un interés activo respecto al alimento y a las personas que lo producen, desde los métodos que usan a los problemas a los que se enfrentan.
Los consumidores debemos apoyar activamente a los productores y jugar un papel primordial en el proceso productivo.
El término "coproductor" nació para describir este nuevo modelo de consumidor que decide de forma responsable e informada y es capaz de crear una relación directa con el alimento que llega a su plato y con las personas que lo han producido. El coproductor conoce el valor intrínseco del alimento y está dispuesto a pagar el precio justo para adquirirlo.
Gracias a un conocimiento adecuado de la situación, los productores pueden reorientar la producción alimentaria y el mercado. ¡Por eso la educación es tan importante y nunca es suficiente!