El cambio climático es uno de los desafíos más complejos a los que Europa y el mundo entero deben enfrentarse. El fenómeno tiene y continuará teniendo, si no somos capaces de detenerlo, las siguientes consecuencias:
- Enormes daños a las economías del planeta.
- Peligro para la salud pública.
- Aumento de los conflictos por el acceso a los recursos naturales, en particular, al agua.
- Desplazamiento de poblaciones por factores medioambientales.
Una de las primeras causas del cambio climático es el sistema alimentario, en el que la producción agrícola, el transporte de alimentos y su comercialización consumen más energía derivada de carburantes fósiles que cualquier otro sector industrial.
El efecto invernadero y la contaminación se ven incrementados por el sistema agroalimentario industrial, por la ganadería intensiva y las enormes cantidades de sustancias contaminantes que emite a la atmósfera y al subsuelo. Todos estos factores contribuyen de forma devastadora al cambio climático.
Slow Food cree que abandonar el sistema agroalimentario industrial y adoptar prácticas agrícolas sostenibles es una forma real de combatir y prevenir el cambio climático.
El tipo de agricultura que defiende Slow Food es el siguiente:
- Una agricultura menos dependiente de los carburantes fósiles (petróleo).
- Una agricultura que adopte técnicas ideadas para mantener la humedad y el CO2 en el suelo.
- Una agricultura que prevenga la erosión del suelo.
- Una agricultura que ralentice la desertización.
- Una agricultura que gestione los recursos hidráulicos con mayor eficiencia.
En otras palabras, una agricultura basada en estos pilares contribuiría de forma eficaz y radical a la lucha contra el cambio climático.